Dar razones creíbles de nuestra fe


No podremos transmitir una fe creíble, aunque enseñemos muy bien lo que dicen los Evangelios y hagamos muchas obras de caridad, si no sabemos dar razones de por qué nuestra fe es defendible desde la razón. Quizá baste creer en Dios para seguir viviendo nuestra vida de fe, pero no para transmitir una fe creíble que estén dispuestos a aceptarla los hombres cuando razonan. Si no sabemos dar razones lógicas de por qué creemos en Dios y en las Escrituras dudo de que quienes nos vean o nos escuchen se sientan movidos a admitir nuestras creencias. Cierto que la gente se siente inclinada a imitar a los que hacen el bien, pero el bien también lo hacen los ateos y los que no creen en Dios. Por eso no basta con hacer buenas obras para transmitir la fe, es preciso explicar claramente las razones que tenemos para creer lo que creemos.

Dicen que la Iglesia crece por atracción, no por proselitismo, y tendrán sus razones los que así piensan, pero lo que vemos claramente es que nuestra Iglesia decrece hoy por la propaganda que hacen los ateos dando argumentos para no creer, argumentos que a muchos les parecen más creíbles que los que damos los cristianos para creer. Muchos que antes frecuentaban las iglesias han dejado de hacerlo porque creen que son más acertados los argumentos que exponen los ateos contra la existencia de Dios y contra la Iglesia que los que exponemos nosotros. Ellos citan a científicos de prestigio universal y sacan a la luz ejemplos nada edificantes de la Iglesia, pero ocultan otras muchas cosas que los creyentes deberíamos poner de manifiesto para refutar esas falacias. ¡Y no lo hacemos porque no se nos ha preparado para eso! Parece que todo nuestro apostolado consiste en hacer buenas obras y enseñar los Evangelios a los que no creen en Dios ni en Cristo, cuando lo que éstos demandan son razones lógicas para creer lo que dicen esos evangelios que ya conocen.

Tenía razón san Pedro cuando aconsejaba: “santificad a Dios el Señor en vuestro corazón y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros(1 Pedro 3:15). Y Benedicto XVI decía que debemos dar razones de nuestra fe, porque es racional, aunque no pueda explicar lo inexplicable. Cierto. Ninguna fe puede explicar todo, y menos explicar qué hace Dios, cómo lo hace y por qué lo hace. Dios tiene unos conocimientos infinitamente superiores a los nuestros, y esto hace imposible que podamos comprenderlo, y menos explicarlo. Para poder hacerlo tendríamos que tener todos sus conocimientos. Si los tuviéramos seriamos como Él. Y si Él sólo tuviera los nuestros, podríamos entenderlo, pero entonces no sería Dios, solo seria hombre.

Nuestro Dios y nuestra religión no son mitos creados por los curas, como dicen los indocumentados y los malintencionados. Están basados en hechos históricos debidamente analizados, y nuestra obligación como católicos es transmitir junto con el conocimiento de los Evangelios por qué éstos son dignos de todo crédito. Solo así podremos transmitir una fe creíble y digna de ser aceptada por hombres racionales.