La Iglesia vista por la sociedad actual


Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho, que diría el buen Don Quijote a su fiel escudero. Usamos esta expresión cuando nos encontramos con algo o alguien que se opone a nuestras pretensiones, o nos encontramos en un entorno hostil donde no son aceptadas nuestras propuestas. Pues bien, con la Iglesia hemos topado cuando queremos hablar de ella, tanto por su complejidad para abarcar lo que es y lo que hace, como por la diversidad de opiniones sobre la misma. La Iglesia, antes respetada por todos, hoy es una de las instituciones más desacreditadas, y eso hace que la gente la abandone. Da la impresión que hoy la gente no acaba de creerse que Dios exista, y los que lo creen que existe parece no creer que su justicia llegue al extremo de castigarnos con un infierno eterno y esto hace que se viva como si Dios no existiera. Nos olvidamos de que el mal existe, y de que si hay justicia tiene que haber castigo para él.

¿Qué contribuye a que los creyentes abandonen las iglesias? Benedicto XVI nos da la contestación en el libro “Luz del Mundo” Los cristianos, dice, “quieren seguir perteneciendo a la Iglesia, no quieren perder su fundamento, pero están formados en su interior por la modalidad moderna de pensar. Lo importante es que los cristianos de hoy intenten vivir y pensar el cristianismo de tal manera que asuma en si la correcta modernidad, y se aparten de lo que se ha convertido en una contrarreligion”.

La pregunta es: ¿La sociedad ve a la Iglesia de hoy como una institución que vive y piensa asumiendo esa correcta modernidad? Mi respuesta es no. Creo que la sociedad de hoy no lo ve así. La sociedad ve hoy a una Iglesia que predica una doctrina arcaica, inasumible dentro de la concepción moderna de la vida, y con esta imagen difícilmente puede retener a sus fieles, y menos esperar que se le sumen otros nuevos. Creo que la mala imagen que la sociedad tiene hoy de la Iglesia es su verdadero problema, y parte de esta mala imagen viene producido lo por poco acertada en la forma de anunciar la Buena Nueva; otra parte puede ser por la forma comodona de vivir sus fieles la religión, y en otra gran parte porque su enemigo, la contrarreligión laicista, se presenta ante nuestra vista como más apetecible, aunque a la larga resulte más perjudicial para nuestra convivencia y nuestra propia felicidad. El hombre de hoy no es dado a pensar en el mañana, y menos en un después de la muerte; quiere disfrutar el aquí y el ahora.

Hoy ser de la Iglesia es ser carca, ignorante e idealista, mientras que el laicista es tenido por progresista, inteligente y práctico.

Antes de seguir adelante conviene aclarar qué entendemos aquí por laicista, ya que sobre esto hay diversidad de opiniones. Entendemos que laicista es aquel que sigue la doctrina propuesta por el laicismo, y por laicismo entendemos la ideología política que persigue eliminar a Dios de la sociedad, estableciendo un sistema ético ajeno a Dios y a la religión. En su aspecto práctico esta es la ideología política que está imponiendo hoy el Gobierno de Zapatero a los españoles mediante leyes encaminadas a este fin.