Cuidado con la automedicación


Que los mayores tenemos que tomar muchas medicinas a causa de nuestros achaques, es cosa que todos nosotros lo sabemos por propia experiencia. ¿Quien no tiene el colesterol alto, o la diabetes, o algún reuma, o padece del corazón, de los bronquios o del hígado? A nuestras edades ya nadie se salva de esas cosas, y todos tratamos de liberarnos de ellas, bien con las medicinas que nos receta el médico, o con las que nos recomienda el vecino o con las que a nuestro parecer son las que mejor nos sientan.

Cuidado con las medicinas que tomamos, que por un lado curan y por otro matan. Tampoco hay que fiarse mucho de los prospecto, pues se sabe que no todo lo que dicen suele ser cierto. El mismo medicamento que en España dice en el prospecto que no tiene contraindicaciones, en el de otro país puede decir que sí las tiene. Además, dada la terminología que usan, se prestan a que no sean bien comprendidos por los no expertos.

Los riesgos de la automedicación pueden agravarse en función de las características personales de quien se medica ya que según su estado de salud, su edad, o el sexo puede tener más o menos riesgo respecto a la medicina que toma. También hay que conocer la interacción que puede producirse entre los distintos medicamentos que se toman, y cual es su toxicidad, y eso solo los expertos pueden valorarlo.

No hay que olvidar, además, que todo medicamento entraña riesgo, pues todos llevan implícita alguna contraindicación, y tiene que ser el medico quien valore si merece la pena correr el riesgo de sufrir el mal que produzca el medicamento a cambio de evitar el mal que se quiere combatir.

Cuando vaya a comprar alguno de los medicamentos que se venden en las farmacias sin receta deberá pedir consejo al farmacéutico, y deberá decirle para que lo quiere y los medicamentos que esté tomando.

No olvide que los medicamentos son armas de doble filo: bien empleados salvan vidas, pero mal empleados agravan las enfermedades y pueden causar la muerte. Por lo tanto no deje de tomarlos cuando sean necesarios, ni los tome sin el asesoramiento de los expertos. Lo mismo podemos decir en cuanto a la dosis a tomar. Los hay que tomados a menor dosis de la mandada resultan ineficaces para curar, y los hay que si sobrepasamos la dosis recomendada pueden resultar altamente nocivos.

Vigile también sus tranquilizantes. Hay que llevar un severo control sobre ellos, porque pueden provocar autentica dependencia, como cualquier otra droga; deberá ser el médico quien los vigile. Tampoco queremos decir con esto que no deban tomarse en ningún caso. A dosis justas pueden hacernos mucho bien, y dosis desajustadas pueden no hacernos nada o hacernos mucho mal.