TEMA 4: DE CÓMO PODEMOS ENRIQUECER O ARRUINAR NUESTRA EXISTENCIA

Terminábamos nuestro artículo anterior diciendo que continuaríamos  con nuestras reflexiones para ver  cómo podemos sacarle el máximo provecho a nuestra vida,  y a ello vamos.  ¿Puede haber algo que nos interese más que esto? Yo pienso que no.
Estamos comenzando un nuevo año, y siempre por estas fechas los buenos administradores de negocios analizan sus cuentas para ver si ganan o pierden, procurando evitar lo que va mal y fomentando lo que produce ganancias. Es la forma de progresar en la vida y evitar la ruina económica. Estas revisiones anuales de los negocios han evitado muchas ruinas comerciales y, pienso yo, que de la misma podrían evitar la ruina de muchas vidas humanas. Nosotros también somos administradores de nuestra propia existencia en la tierra, y podemos enriquecerla si la administramos bien, o arruinarla si la administramos mal.
¿Hacemos balance alguna vez para ver cómo estamos administrando nuestra propia vida? ¿Somos conscientes de las consecuencias que  tienen para nosotros  nuestras propias decisiones?  Así como un  negocio puede arruinarse pensando solo en los beneficios inmediatos y cegando con ello la fuente de los beneficios futuros, también pensando solo en nuestra felicidad presente podemos estar arruinando nuestra felicidad futura, lo que nos obliga a no pensar solo en el presente si queremos asegurarnos una felicidad lo más duradera posible. 
Tal vez tal vez este tipo de reflexiones sobre su  existencia  fueran las que hicieron decir a Severo Ochoa que era un extraño sabio que no sabía nada de lo que más le importaba.  Esta confesión se la arrancó Pilar Urbano a Ochoa después de hacerle unas cuantas preguntas sobre el sentido de la vida. Son preguntas que llamamos fundamentales y que es muy saludable que nos las hagamos los hombres   para no errar al marcar el rumbo de nuestra  propia existencia.
Veamos cómo nos cuenta José Pedro Manglano en su exitoso libro “Vivir con sentido” el desarrollo de esa entrevista. Él lo copió de un artículo publicado por un periódico  el 4 de noviembre  bajo el título de  “Una insólita confesión de  Severo Ochoa”. Dice así:
“Iba (Severo Ochoa)  por esos aeropuertos y por esas carreteras, y por esas  estancias alfombradas  con la mirada perdida  como un suicida in pectore, Quería morirse. Lo decía. A mí desde luego me lo dijo. Que sin ella, sin su esposa Carmen, la vida le era desabrida. Y, golpeándose las costillas a la altura del corazón :”¿Por qué no se me rajará  éste (el corazón)  cualquier noche estando o dormido?”  ….
Hablamos de todo. Me enseñaba fotos y me invitó a yogur. Yo le hacía preguntas y preguntas . En estas llegamos a las fronteras de la ética de la ciencia.  Me dijo que él se hubiera negado a fabricar la bomba atómica”. 
Sigue contando la periodista que continuaron un rato bromeando y comentando el proyecto centauro que consistía en fecundar un ovulo de mujer con esperma de caballo).
“hasta que finalmente yo, -dice Pilar Urbano-  empecé a preguntarle cosas más «abstractas»: ¿por qué es la vida?, ¿cual es el origen?, ¿qué es  la muerte?, ¿qué hay después?, ¿sabe usted dónde está el amor de su esposa, ¿me podría explicar sobre una pizarra por qué, al atardecer, se pone usted tan triste? Severo Ochoa escuchaba. Pensaba un rato. Después, por sus carnosos labios dejaba caer un lacónico «no lo sé». Y así, entre «no lo sé» y «no lo sé», pasamos un largo rato.
Al fin, se puso en pie, altísimo como era. Dio una vuelta por la sala. Volvió. Me miró desde arriba, en contrapicado y  soltó su tremenda confesión, «No tengo ni una sola respuesta para nada de lo que de verdad me interesa.  Puedes escribir bien grande que te he dicho que soy un extraño sabio, … un sabio que no sabe nada”.
¿Qué pudo ver el sabio ahora que no hubiera visto antes para que de repente se diese cuenta de que no sabía nada de lo que más le importaba?
Hoy nadie  pone duda que en el hombre además de la materia  hay algo más que es espíritu. Ochoa había dedicado su vida a estudiar solo la materia. No había reflexionado sobre lo espiritual, lo que nos hace diferentes de los animales.
Saber si existe Dios o no, y qué pasa con nosotros después de la muerte son las cosas que más pueden importarnos,  y la ciencia de las pruebas empíricas , que solo estudia  lo que es materia, no puede resolver por sí sola estos problemas, necesita la ayuda de otras ciencias.  Dicen los intelectuales que para acercarnos al conocimiento de estos misterios se requieren conocimientos de la ciencia, de la filosofía y de la Religión. 
Como nos parece que este es  un tema importantísimo y muy complejo seguiremos en el próximo número reflexionando sobre cómo podemos acercarnos al conocimiento de estas verdades  que tanto nos interesan.

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