SACRAMENTO DE  LA CONFIRMACIÓN,  DEL ORDEN Y UNCIÓN DE ENFERMOS


Se acaba el curso   y si queremos terminar el tema de los sacramentos solo podemos hacerlo con  un breve resumen de los tres  que  que nos quedan sin tratar. Empecemos con ello.


                                 SACRAMENTO DE LA  CONFIRMACIÓN

Este sacramento se realiza para recibir al Espíritu Santo a fin de que nos   fortalezca en la fe que recibimos en el bautismo. Se debe recibir en estado de gracia haciendo antes la confesión si estuviéramos en pecado mortal. Desde los primeros tiempos de la Iglesia, cuando se administraba el Bautismo se tenía la costumbre de que el Obispo  ungía con aceite en la cabeza o en el pecho a los recién bautizados, este aceite había sido previamente bendecido por el obispo. Esta costumbre se mantuvo hasta el siglo V, y hasta entonces no existía un rito religioso de la confirmación separado del Bautismo, todo se realizaba en la misma celebración. Más tarde a veces los presbíteros y diáconos administraban  el Bautismo, mientras que la imposición de manos y la unción se retardaba para cuando pudiera ir el el Obispo. Este rito de imposición de manos   viene celebrándose en la Iglesia desde el tiempo de los apóstoles.
Hoy este sacramento lo administra el Sr. Obispo. Durante su celebración  renuevan las promesas del Bautismo los que se confirman y  se comprometen de modo explícito a vivir cristianamente. El obispo impone las manos sobre la cabeza de los confirmandos y les unge la frente con el santo Crisma mientras pronuncia estas palabras: "recibe por esta señal el don del Espíritu Santo". Este sacramento es para unir más a los que se confirman  con la Iglesia y para que reciban al Espíritu Santo para que los ayude en su compromiso de ser auténticos testigos de Cristo y  vivan  con fidelidad la fe que profesan.  Hoy este sacramento se recibe al llegar a la pubertad  y a esta edad es cuando los niños dejan de ser niños e imitando a los mayores  muchos dejan de asistir a los actos religiosos.  Muchos sacerdotes y laicos  abogan por un catecumenado más largo en el que practiquen más tiempo la religión que se comprometen a seguir. 
                             
                                  SACRAMENTO DEL ORDEN SACERDOTAL

Este sacramento es para hacer sacerdotes a los hombres bautizados que siente la llamada de Dios a esta vocación. Por medio de la imposición de manos del Obispo transmite al aspirante al sacerdocio el poder para perdonar los pecados y convertir el pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
En la Iglesia Católica la vocación al sacerdocio lleva consigo el celibato, recomendado por el Señor. La obligación del celibato no es porque lo exija el ser sacerdote, sino por ley eclesiástica. La Iglesia quiere que los candidatos al sacerdocio abracen libremente el celibato por amor de Dios y servicio a los hombres y quiere también  que se dediquen completamente al bien de las almas, sin las limitaciones ni las preocupaciones que supone sacar adelante una familia. El sacerdote debe dedicarse el cien por cien al cuidado de las almas. El fundamento teológico del celibato es que  Cristo fue célibe, y el sacerdote es "alter Christus".
El amor de Jesucristo es universal e igual para todos; sin los exclusivismos propios del amor matrimonial. Así debe ser el amor del sacerdote.
No se trata de preguntarnos si nos gustaría ser sacerdote sino, si nos querrá  Dios sacerdote. Hoy hacen falta muchas vocaciones y debemos pedir insistentemente a Dios que nos envíe buenos y santos sacerdotes para atender las muchas parroquias que se están quedando sin párroco. Los padres no deben poner impedimento a los hijos  que se sientan llamados a esta gran misión humanitaria y eclesial.

                       SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

Antes del concilio se llamaba "extremaunción" ya que solo se impartía a los enfermos cerca de la muerte. Desde el Concilio Vaticano II, este sacramento es para el fiel que empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad grave, vejez, o cualquier otra circunstancia. Este sacramento consiste  en ungir la frente y las manos del enfermo acompañado de una oración litúrgica realizada por el sacerdote o el obispo, únicos ministros que pueden administrar este sacramento.
Actualmente el sacramento se puede administrar más de una vez, siempre que sea en caso de enfermedad grave. Se  administra para atraer la salud del alma y del  cuerpo al cristiano al que se le administra. Puede recibirlo incluso cuando el estado grave se produce como recaída de un estado anterior por el que ya había recibido el sacramento. Este sacramento  une al enfermo a la pasión de Cristo para su bien y el de toda la Iglesia; obtiene consuelo y el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la reconciliación.   

 

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