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   SUPLEMENTOS EN EL BOLETÍN DE VIDA ASCENDENTE DE SALAMANCA  DE 2018    Por  Jesús Hernández Criado
                                 HALEMOS DE VIDA ASCENDENTE
                                              MES DE FEBRERO


Qué es Vida Ascendente. Nadie da valor a lo que no conoce. Esto hace que con  frecuencia tengamos algo bueno al alcance de la mano y lo dejemos pasar sin aprovecharnos de ello por no conocer su valor. El Movimiento de Vida Ascendente puede ser uno de esos casos. Este es un Movimiento de Católicos mayores (no de viejos) que fue creado por católicos mayores (no viejos) para hacer apostolado entre los mayores (los mayores jóvenes y los viejos). Este fue, según mis referencias, el propósito de aquellos mayores no viejos que se reunían en los cafés de París para hablar de sus inquietudes apostólicas, y que son los que dieron origen a este Movimiento. Existe el mito de que Vida Ascendente es un Movimiento para viejos piadosos que por su deterioro físico o mental ya solo pueden dedicarse a rezar o a ir al bar a jugar la partida. Vida Ascendente nació para hacer apostolado, no para meterse en las Iglesia a hacer sus meditaciones y sus rezos.
El artículo 4 de nuestros estatutos dice que "El objetivo de Vida Ascendente es
llevar y fomentar el mensaje evangélico a los jubilados y mayores". Esto lleva
consigo: primero conocer bien el mensaje evangélico, segundo creer en los
evangelios, tercero saber por qué estos son creíbles, y cuarto saber defenderlos de los ataques que constantemente dirigen contra ellos los abundantes medios de comunicación que hoy lo invaden todo. Hacer este tipo de apostolado requiere trabajo, esfuerzo, constancia y entrega, cualidades que no suelen abundar mucho en los muy mayores porque la edad se ha ido llevando sus fuerzas poco a poco, y siempre más a prisa de lo que ellos quisieran.
Quizá nunca haya sido tan necesario el apostolado de los mayores como ahora, primero porque nunca ha habido tanta abundancia de mayores como ahora, y segundo porque posiblemente nunca ha habido tanto mayor sin practicar la religión como ahora. Si los mayores hacemos de tapón en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones la religión católica puede verse gravemente afectada por ello. Saber defender nuestros valores religiosos y ser vehículo de transmisión de la fe a las nuevas generaciones puede ser, pienso yo, uno de nuestros trabajos más apremiantes en el momento actual. Nadie mejor que nosotros puede hacer este trabajo, porque nosotros tenemos experiencia de la fe vivida y podemos contar nuestras propias experiencias, y estas son con frecuencia más convincentes que los sermones y las disertaciones de los eruditos. Si hemos practicado la oración seguro que las tendremos en abundancia. Hacer bien este trabajo requiere, como todos, preparación y dedicación.

                                          MES DE MARZO       
Objetivo de Vida Ascendente. Decíamos en nuestro número anterior que que V.A. nació en Paris como prolongación de un grupo de laicos que se reunían en el café a charlar amigablemente. En 1962 fue reconocido por la Iglesia francesa como un movimiento de apostolado seglar de laicos mayores con el nombre de Vie Montan. Hoy Vie Montan es un Movimiento Internacional extendido por  más de  50 países  En España fue  fue reconocido por la Comisión Episcopal como Movimiento de Apostolado seglar en el año 1.986. En Salamanca se creó el 27 de Noviembre de 1989 por mandato de nuestro Obispo D. Mauro Rubio Ripollés. Nombró consiliario  al canónigo D. José Sánchez Vaquero  quien a su vez eligió como Presidente a D. Tomás Hernández Bueno. Los primeros miembros de V.A. en Salamanca procedían casi todos de otros movimientos,  principalmente de Acción católica y cursillistas de cristiandad. A  las primeras reuniones de V.A. en Salamanca asistían  ya unas cien personas, y a  principios de lo años 2000  éramos ya unos 800.
Es un Movimiento eclesial de laicos, no una asociación, ni una institución eclesial. El  “Movimiento” se diferencia las asociaciones y de las instituciones en  que sus miembros tienen más  libertad de acción y no tienen una actividad reglada como tienen las instituciones. En un movimiento no hay socios del movimiento, hay miembros, no  socios. En el Movimiento hay un fin, un objetivo común, y se organizan para cumplir ese fin.
Nuestro objetivo según nuestros estatutos es el apostolado seglar entre los mayores  El artículo 7  dice: “Son miembros de V.A. los laicos jubilados y mayores que voluntariamente se comprometan con los objetivos del Movimiento”. Estos objetivos son: “Vivir un proceso permanente de formación personal en los valores del Evangelio. Dar testimonio, con su vida y su palabra, de la fe en Jesucristo resucitado, Pertenecer a un grupo de V.A. y participar en sus reuniones”.
Como Movimiento eclesial de laicos , corresponde a los laicos la organización administrativa y ejecutiva del Movimiento, fijar sus actividades y llevarlas a cabo controlando la ejecución de las mismas, y corresponde a la Iglesia el asesoramiento religioso y prestarle  ayuda espiritual para el mejor desarrollo de sus actividades apostólicas. Esto hace que todas las comisiones directivas estén formadas siempre por laicos y que  haya en todas ls comisiones un consiliario nombrado por el Obispo respectivo. 
                  MES DE ABRIL       
 Nuestra Organización. Decíamos en nuestro número anterior que el Movimiento de Vida Ascendente está dirigido por Comisiones integradas por laicos, y que en todas ellas hay un sacerdote consiliario  nombrado por la Iglesia. Su estructura jerárquica es la siguiente:
La base del Movimiento son los grupos parroquiales. En una parroquia puede haber uno o varios grupos, y en cada grupo hay un animador que es el responsable del grupo. Estos grupos celebran de una a cuatro  reuniones de formación mensuales, según ellos determinen. En esas reuniones normalmente  se sigue un guion que hace la Comisión Nacional para esto, pero no es obligatorio  seguirlo. El grupo tiene autonomía para decidir los temas a tratar en sus reuniones siempre que estén dentro de los objetivos del Movimiento. Todos los grupos de la diócesis dependen la Comisión diocesana formada por un Presidente,  un Consiliario, un tesorero,  un secretario y  los vocales que estime el Presidente.
Las comisiones diocesanas están coordinadas  por la Comisión  regional o de zona, y el Presidente de zona forma parte de la Comisión Nacional, que es la que coordina todas las actividades del Movimiento en España. La Comisión nacional está formada a suvez por un Presidente laico, por un consiliario,  un secretario, un tesorero, los vocales que elija el Presidente y los presidentes de regionales o de zona.    
Como Movimiento eclesial es la Comisión Episcopal la máxima autoridad en materia religiosa y como Movimiento de laicos es la Comisión Nacional formada por laicos la encargada de organizar y llevar a cabo las actividades apostólicas respectivas. Todo esto a nivel nacional, pero  como es un Movimiento Internacional extendido por más de 50 países existe una Comisión Internacional para coordinar el Movimiento a nivel mundial.
Esta es a grandes rasgos nuestra estructura jerárquica y dentro de esta estructura existe una gran flexibilidad en la realización de sus actividades apostólicas. Los  grupos tienen libertad para determinar cómo hacerlo siempre dentro del cumplimiento de los estatutos del movimiento.
                                      MES DE MAYO   
Vida ascendente, ¿para qué? Ya sabemos que Vida Ascendente es un Movimiento eclesial de personas mayores que se juntan para vivir la fe en comunidad con otros mayores. Ya hemos dicho que quien vive la fe en soledad se expone a perderla fácilmente. De ahí la necesidad de vivir la fe en comunidad con otros. El artículo 3 de nuestros estatutos dice que la espiritualidad, el apostolado y la amistad  expresan la esencia de Vida Ascendente,y el 4º añade que el objetivo de Vida Ascendente  es llevar y fomentar el mensaje evangélico a los jubilados y mayores. Juan Pablo II dirigiéndose a los miembros de nuestro Movimiento les trazó el siguiente programa de acción : Ser creativos para encontrar las múltiples ocasiones de proporcionar atención, enseñanza, apoyo,  consuelo y ayuda mutua a otras personas mayores de vuestro entorno, y hasta en hospitales y cárceles, y también a las generaciones más jóvenes. En general a todo el mundo.
La espiritualidad y la mistad que señala elartículo 3 yo los veo como medios para el desarrollo de las actividades que señalan el articulo 4 y  el Papa, que ese es nuestro objetivo: difundir la doctrina de Cristo especialmente entre los mayores y entre las personas de nuestro entorno , sin olvidarnos de los más necesitados  y de las nuevas generaciones a los que tenemos la obligación de transmitir la fe de Jesucristo.
Anunciar el Evangelio es darlo a conocer,   es publicitarlo, y como toda publicidad bien hecha deben cuidarse dos aspectos fundamentales: el de dar a conocer el producto y el de dar razones para convencer a la gente de que lo acepte. No basta con dar a conocer qué dijo Cristo y qué  hizo,  hay que dar razones de por qué  nos conviene aceptar sus enseñanzas. Sin esta segunda fase de explicar por qué  interesa lo que anunciamos resultará poco fructífero  nuestro anuncio, aunque sabemos que la eficacia del mismo no depende solo de lo que digamos nosotros sino de lo que “oiga” el que nos escucha, y eso depende de Cristo.
Es sabido que la fe puede llagarnos por medios ordinarios y extraordinarios. Tanto unos como otros están en manos de Dios, especialmente estos últimos. En nuestra mano está ocuparnos de los primeros poniendo de nuestra parte lo humanamente razonable, y es lógico y natural que si queremos convencer a alguien para que acepte  nuestra fe  debemos darle  alguna razón lógica para convencerle de que esta  fe tiene fundamento lógico. Con relación a esto decía Benedito XVI: No podemos seguir adelante como hasta ahora En la pregunta de si existe o no  Dios se decide hoy el destino del cristianismo. Hacer visible a Dios en nuestra sociedad es el problema fundamental que tiene hoy la Iglesia. Esa, pienso yo, debe ser nuestra tarea como Movimiento de apostolado.

                           MES DE JUNIO: RENOVARSE O MORIR            
Nota previa: Vaya por delante, para que nadie se engañe ni dentro ni fuera de Vida Ascendente, que lo que se dice aquí son ideas muy personales de quien lo escribe y que no hablo en nombre de este Movimiento. Aunque sigo perteneciendo al Movimiento, y con mucho gusto, no  ostento ninguna representación dentro de él desde hace tiempo.
Otras consideraciones sobre el este tema. En  Junio de  2014 aprobaba el Pleno de Vida Ascendente las directrices para los siguientes años. En una de ellas decía que debemos  potenciar la formación integral (religiosa, humana y social)  prestando más  atención al conocimiento vivencial  que conceptual y teórico. Cincuenta años antes ya el Papa Pablo VI pedía la formación integral especialmente para los laicos. Si alguien necesita hoy formación integral somos los laicos para poder conservar  nuestra fe, hoy atacada a diario por los  múltiples  medios de comunicación que  tanto abundan. Pienso que la  sola formación religiosa es incompleta y no es suficiente  para mantener la fe en nuestra sociedad de hoy. Necesitamos  tener, al menos,  una cultura al nivel de la  sociedad que nos ataca para poder contrarrestar sus ataques.
Si queremos hacer apostolado no podemos seguir como antes. Los mayores que había  cuando se creó este Movimiento teníamos  una mentalidad y una formación religiosa muy diferente a la que tienen los mayores que llegan hoy a la jubilación. Antes, al menos en España, todos asistíamos a las prácticas religiosas y esto hacía que al jubilarnos buscásemos asociaciones católicas para seguir con nuestras prácticas religiosas. La gran mayoría de los que se jubilan hoy  ya ni practican ni buscan formación religiosa, lo que hace que nuestro Movimiento carezca de interés para ellos, no porque haya perdido su “utilidad” sino porque la desconocen. Si hoy queremos hacer apostolado entre  éstos tenemos  que ir nosotros a donde ellos están, porque ellos no van a venir a buscarnos como hacían antes, y tendremos que saber explicarle la “utilidad” de los valores religiosos para que puedan interesarse por ellos porque nadie muestra interés  por lo que no conoce ni por lo que piensa  que carece de  valor.
No podemos ahora desarrollar el tema de los valores religiosos por falta de espacio, pero digamos de pasada que unos de los  valores que más han influido para bien de la sociedad son los  de creer en la vida eterna y en la justicia divina. Creer que quien hace el mal recibirá siempre castigo es un freno para obrar mal y creer que quien hace el bien siempre recibirá premio es un estímulo para seguir haciendo el bien, y además esto da sentido lógico a nuestra vida. Tiene sentido nacer para hacer el bien y ser eternamente felices. Muchos hombres se afanan hoy en crear leyes para establecer la justicia humana  pero nuestras leyes y nuestra justicia  tienen tantos fallos que no  pueden sustituir ni de lejos la creencia en la justicia divina.
¿Qué ha pasado para que las nuevas generaciones hayan abandonado nuestras creencias religiosas? Gran parte de esto puede ser debido a que los nuevos conocimientos han cambiado  la mentalidad de la sociedad y nosotros seguimos haciendo lo mismo que antes. Antes nadie criticaba a la Iglesia ni a nuestras creencias religiosas. Con  la llegada de la libertad de expresión  le llueven  críticas por todas partes.  Dicen, sin razón, que la ciencia ha descubierto que  Dios no existe y que la religión es fruto de la ignorancia de épocas pasadas. Ambas cosas son falsas. No es la ciencia la que afirma que Dios no existe. La ciencia no puede probar esto. Es el cientificismo actual  que pretende hacer pasar como ciencia  lo que  en realidad solo son opiniones no contrastadas de algunos científicos. El cientificismo actual según el prestigioso filosofo y escritor americano Daniel Dennet es en realidad una manipulación ideológica de la ciencia, y esta manipulación es la que se usa contra la religión. Por otra parte nuestras creencias religiosas no son fruto de la ignorancia como dicen sino que están basadas en hechos vividos por muchos hombres durante más de cuatro mil años, desde Abraham hasta hoy.
Benedicto XVI dice en Luz del mundo  que la Iglesia hoy tiene muchos problemas pero que el  más importante de todos es el de dar respuesta a la pregunta de si existe Dios o no existe, porque  en la contestación que demos a esta pregunta se decide hoy el destino del mundo. Nadie mejor que los mayores podemos  dar hoy testimonios de la fe porque somos los que más la hemos vivido. Si estamos bien formados seremos creídos y respetados, y podremos influir en nuestros ambiente para bien la sociedad. Si estamos mal formados nadie que querrá imitarnos en nada.
Como muestra del valor que tiene la buena formación podemos narrar la siguiente anécdota ocurrida no hace muchos años en un pueblecito cercano a Salamanca. Los   mayores de este pueblo dejaron de ir a misa y fuimos llamados los de Vida Ascendente para dar unas charlas allí. Cuando  preguntamos que por qué  habían deja de ir a la iglesia las razones que nos daban  eran que hoy  “los que saben ya no van a la iglesia”, y a estos es a los que imitaban ellos. “Los que saben”  eran dos profesores de universidad que habían fijado allí sus chalets y no iban a la iglesia. Se daba la casualidad que por aquel tiempo había llegado también al pueblo una familia de pastores que decían que era muy buena gente y que sí iban los domingos a misa, pero a estos no los imitaba nadie. “No eran de los que sabían”. Algo parecido  nos está ocurriendo ahora. A los cristianos nos han colgado el sambenito de que somos ignorantes y que vamos contra la ciencia y con  estos laureles nadie nos hace caso. Así no podemos seguir haciendo apostolado.
Invitamos a todos los que quieran luchar por una sociedad más cristiana, más justa, y más humana  a que se unan a nosotros para encontrar entre todos el camino y la forma de  hacer realidad nuestras aspiraciones  de poner nuestro granito de arena para crear un mundo mejor Solos podemos poco. Unidos y con la ayuda de Espíritu Santo seguro que podemos –y tenemos la obligación- de intentar  hacer mucho. 

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