TEMA 2: LA REVELACÓN 

 2.1 Qué es la revelación

La revelación religiosa es un acto voluntario por parte de Dios por el cual nos da a conocer algo de sí mismo, o algo que es bueno para nuestra salvación. Puede ser revelación natural y sobrenatural. De acuerdo con la doctrina católica el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras haciendo uso de la razón natural (revelación natural). Pero existe otro orden de conocimientos sobre Dios que los hombres no podemos alcanzar con nuestra limitada inteligencia, y Dios, libremente, nos los da a conocer por medio de hechos y palabras para ayudarnos en nuestra salvación. Esta es la revelación sobrenatural.
Dios se revela mediante hechos y palabras íntimamente ligados entre sí, y que se esclarecen mutuamente. Dios siempre hace lo que dice, y por esto los hombres han creído en Él. Y quienes han sido testigos de estos  hechos  nos lo han trasmitido para que nosotros también creamos.
La creencia en el Dios de Abraham nació cuando Yahvé se le manifestó a él y a su descendencia y vieron que este Dios hacía lo que decía. Entonces  lo tomaron como verdadero y único Dios, y abandonaron los falsos dioses venía adorando. Algo parecido ocurrió con la creencia en Jesucristo. La fe en Cristo nació cuando empezó a predicar y demostró con su palabra y sus hechos que Él era más que un simple hombre. La Palabra y los hechos han ido siempre juntos en nuestra fe, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento.  Es así como el origen de nuestras creencias no son producto de la imaginación de los hombres, ni invención por parte de nadie, sino el resultado lógico de unas experiencias vividas por nuestros antecesores en la fe.   
En Hebreos, 1,1 leemos: “Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo”. Estos modos y maneras en que Dios ha hablado a los hombres es el fundamento de nuestra religión, y están recogidos en la Tradición y en las Escrituras. Estas  dos fuentes, no una sola, son el fundamento de nuestras creencias.

2.2  Trasmisión de la revelación


La revelación ha llegado hasta nosotros por medio de la transmisión oral y escrita. El primer medio de transmisión de la fe fue la Palabra. Durante siglos este fue el único medio de transmisión del conocimiento entre los hombres, porque no era conocida la escritura. El Pueblo judío, el elegido por Dios, fue muy celoso en la transmisión de lo revelado. Antes de autorizar a alguien a transmitir la revelación por medio de la palabra tenía que demostrar que conocía bien el tema, y luego se le exigía ser fiel a lo recibido. Más tarde se pasó a la escritura lo que venía transmitiéndose por la palabra, y así nacieron los libros del  Antiguo  Testamento. Y algo parecido ocurrió también con el Nuevo. Primero se anunció con la Palabra y con las prácticas religiosas, y más tarde se pasaron estas cosas a los soportes escritos que componen el Nuevo Testamento. Los escritos se redactaron en diferentes estilos literarios, según los autores y según las épocas en que éstos escribieron, y esto dificulta un poco su interpretación, porque requiere conocer el estilo en que están redactados los textos para comprender el mensaje que querían transmitir sus autores.
La Tradición no sólo comprende la Palabra, se incluye también en esto la vida de los primeros cristianos: su doctrina, su organización, su liturgia y sus Sacramentos, y todo esto se tiene en cuenta para la interpretación de las Escrituras. No hay que confundir la Tradición de los primeros cristianos con las tradiciones de las prácticas religiosas de nuestros mayores. Estas pueden y deben actualizarse, La Tradición de los primeros cristianos no, porque se considera que forma parte de la revelación.

2.3  Interpretación de la Revelación. 

  
La interpretación de la Revelación (Palabra y Escrituras) corresponde al conjunto de la Iglesia, entendiendo como tal al Papa, a los obispos y a los laicos, todos juntos formamos la Iglesia, separados no. Decimos que la interpretación de la revelación y de las Escrituras corresponde a la Iglesia, porque ésta fue la encargada por Cristo de enseñar lo que él había enseñado, y a ella es a la que prometió su asistencia. “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:19) y “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." (Mateo 16:13-18”). A veces se critica a la Iglesia porque prohíbe que algunas personas enseñen sobre la interpretación de las Escrituras cosas distintas a las que ella enseña.  Las personas como tales son libres de creer y enseñar lo que quieran, pero no pueden hacerlo en nombre de Cristo, porque enseñar lo que Cristo enseñó es una potestad concedida solo a la Iglesia, cuya cabeza es el Papa. Cuando la Iglesia define un dogma no está proponiendo a los fieles que crean algo inventado por ella, le está proponiendo que crean eso porque ella cree que eso es lo que está contenido en las Escrituras o en la Tradición.  

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