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                                TEMA 6:    LOS EVANGELIOS

6.1.- Qué son los Evangelios.


En los Evangelios están recogidos los hechos y las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo. Por eso son tan importantes. Ellos son el fundamento de nuestra fe cristiana ¿Cómo surgieron? Después de la muerte de Jesús, y convencidos de que Dios lo había resucitado, sus primeros discípulos empezaron a contar lo que habían visto y oído. A Pablo, un perseguidor de los cristianos, se le apareció Cristo y es él quien con sus cartas aportó los primeros documentos escritos del cristianismo.
Para confesar y transmitir sus experiencias en la fe cada comunidad empleaba un lenguaje y unas formas adecuadas a su propia cultura. En esas comunidades relataban la historia de Jesús, pero adecuándola a su cultura y así celebraban la fe. 
Esto dio lugar a un amplio material oral y escrito que circulaba en las primeras comunidades y con ello se fueron elaborando los distintos evangelios. Estos no son   manuales de Teología para que aprendamos verdades, sino «relatos» o narraciones de acontecimientos que se vivieron en esas primeras comunidades cristianas. Su objetivo no es enseñar verdades científicas, sino narrar vivencias a raíz de lo que habían visto y oído. Los evangelios no recogen exhaustivamente todo lo que Jesús hizo y dijo. Más aún, su narración de los hechos históricos no es neutral; lleva una intención bien explícita: descubrir y hacer ver en esos hechos el mensaje accesible solo por la fe. Los evangelistas elaboraron sus evangelios con esta misma finalidad de expresar y transmitir la fe de las primeras comunidades cristianas. No fue intención de los evangelistas redactar crónicas con todo detalle sobre lo sucedido, ni recoger cuentos inventados para entretenemos, o leyendas piadosas para motivar nuestra imaginación. Su intención primera es transmitir una buena noticia de salvación. Según la cultura propia del evangelista y según la procedencia de sus fuentes cada evangelista narra los hechos con matices diferentes
Hoy, como ayer, cuando hablamos o escribimos traemos ejemplos y comparaciones que sólo son inteligibles para quienes viven y respiran nuestra misma cultura. Esto es lo que haría cada evangelista con arreglo a su propia cultura y a sus conocimientos. No podemos ni debemos pedir a quienes redactaron hace dos mil años los evangelios, que hablen y escriban como lo hacemos hoy nosotros. El objetivo principal de los evangelios es misionero: fortalecer la fe de la comunidad cristiana y hacer llegar a todos la  buena noticia de la salvación.

6.2 ¿Son documentos históricos los Evangelios?
Sí y no. La parte fundamental, los hechos, son historia. En lo accidental, en los detalles, puede haber añadidos por quienes enseñaban estas cosas en las distintas comunidades. Hablando en general, no es posible deslindar los campos de la historia y de la fe porque lo histórico se nos da junto con las adaptaciones hecha en cada comunidad.  A esto se deben algunas diferencias que se observan en los textos evangélicos. En los sinópticos vemos que los evangelistas coinciden en los hechos, pero están contados con diferentes matices.

6.3. Evangelios canónicos y su proceso de redacción
Lógicamente, dada la variedad de comunidades cristianas y los distintos contextos, hubo muchos evangelios que contaban hechos y dichos de Jesús con buena dosis de imaginación que hacían sospechar que no era cierto lo que en ellos se contaba.
Por eso, a finales del siglo II se fueron seleccionando aquellos que parecían más verídicos y que eran los más aceptados por las comunidades cristianas; había conciencia de que en ellas actúa el Espíritu y de que su «sentido de fe» manifestaba la verdad. Los evangelios elegidos fueron cuatro: Marcos, Mateo, Lucas y Juan; fueron admitidos en la lista de libros considerados como Escritura inspirada; son los evangelios canónicos. Los demás evangelios que, si bien tienen mucho de novela inventada, aportan también datos históricos importantes, son llamados apócrifos.
Los tres primeros evangelios oficialmente normativos - Marcos, Mateo y Lucas- se llaman «sinópticos» porque guardan un cierto paralelismo en sus relatos, y pueden ser leídos de una sola mirada; tienen el mismo trazado básico y correspondencias mutuas. Contienen amplia y bien documentada información.
El autor del primer evangelio es Marcos, a quien Pedro en una de sus cartas llama «mi hijo»; transmite la enseñanza recibida de San Pedro. Este Evangelio fue escrito hacia el año 64, es como un gran relato de la pasión con amplia introducción biográfica donde, a partir del bautismo de Jesús en el Jordán, se cuentan milagros, debates y diálogos a la usanza de las escuelas rabínicas; también recoge tradiciones apocalípticas El interés catequético del evangelista es presentar a Jesucristo como Mesías y desmontar e concepto mesianismos político y triunfalistas con que soñaban muchos del pueblo judío.
Mateo y Lucas, dependientes del texto de Marcos y con nuevas fuentes, redactan sus evangelios hacia el año 80.

6.4 Interpretación de los Evangelios
No todos los textos del Evangelio pueden interpretarse literalmente. Son documentos muy antiguos y hay que interpretarlos en clave a como se vivía y se escribía en aquella época, teniendo siempre presente que en lo accidental puede haber matices que no son históricos.
Interpretar correctamente los Evangelios no es sólo cuestión de buena voluntad, que también; además se requiere también tener algunos conocimientos sobre cómo deben ser interpretados. El Catecismo de la Iglesia Católica señala tres criterios para la interpretación de las Escrituras: Prestar atención al contenido de toda la escritura y a la unidad de todos sus textos; leer la Escritura en la Tradición viva de toda la Iglesia, y estar atentos a la analogía de la fe (cohesión de las verdades de la fe entre sí con el proyecto total de la revelación).  No se pueden interpretar párrafos sueltos en desconexión con el contenido global de las Escrituras.

6.5  ¿Hay errores en los Evangelios?
Sí, los hay. De todos es conocido que en los Evangelios hay algunos errores, unos producidos al hacer las copias manuales que se hacían en sus primeros tiempos, otros debidos a la traducción de unos idiomas a otros,  y otros son debidos a inexactitudes respecto a los hechos o lugares que describen. En el Evangelio de San Lucas, por ejemplo, hay algunos errores geográficos, cosa admisible porque él no vivió en Palestina y describe hechos sucedidos allí. Pero estos errores son pocos y no quitan credibilidad al conjunto de la obra.

6.6  ¿Son  creíbles los Evangelios?
Hay muchas y buenas razones para creer que lo que dicen es verdad. Quienes escribieron estos textos eran gente honrada que hablaban y escribían sobre lo que conocían bien por haberlo vivido, y no hay motivos para pensar que tuvieran intenciones de engañar ni de aprovecharse de lo que escribían. Casi todos los apóstoles murieron en el martirio por mantener que era verdad lo que decían. Si no era por aprovecharse de algo ¿por qué hicieron eso?
Además, los evangelios llevan dos mil años sujetos todos los días a las pruebas de su veracidad sin que nadie haya podido probar documentalmente que son una falsedad. Desde que se escribieron hasta hoy, en todos los tiempos y en todas las épocas, se están haciendo investigaciones sobre ellos, tanto por parte de sus defensores como de sus detractores, y nadie ha podido probar que sea mentira lo que allí se narra. Sí hay autores que defienden esta hipótesis de que son mentiras lo que allí se dice, pero nadie ha presentados pruebas convincentes de que así sea.

 

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