TEMA 1.- PRESENTACIÓN DEL CURSO: ¿EXISTE DIOS?
      Por Jesús Hdz. Criado                  

Después del descanso veraniego vaya un saludo muy afectuoso a todos los lectores de nuestro Boletín de Vida Ascendente, pertenezcan o no a nuestro Movimiento.
El primer tema que proponemos para este curso es reflexionar sobre la pregunta ¿Existe Dios? Ya sé, queridos amigos de V.A. que todos los que militamos en este Movimiento sabemos que existe, y podría parecer que este tema nos es innecesario, pero todos sabemos también que hoy hay un gran número de personas que están abandonando la Iglesia y viven como si Dios no existiera. Ante este hecho nosotros, como cristianos y como miembros de un Movimiento que tiene en su lema el apostolado, no podemos permanecer indiferentes sin intentar hacer algo para poner remedio a esta situación.
Todos conocemos la insistencia de muchos políticos actuales y de muchos medios de comunicación a su servicio que tratan de convencernos de que la ciencia ha demostrado que Dios no existe, y son muchos, cada vez más, los que dan crédito a estas publicaciones.
No creo exagerar si digo que hoy hay muchísimos jóvenes entre nosotros que no han rezado en su vida, y muchos no tan jóvenes que quizá rezaron de niños y ya se le han olvidado aquellas oraciones que rezaban por no volver a rezarlas. El Estudio de la Fundación BBVA sobre Actitudes Sociales de los Españoles muestra que el 38 % de los que se declaran católicos en la encuesta dicen que no rezan nunca, y el 15 % que reza muy pocas veces al año. Y hay hasta un 8 % que se declaran católicos y que dicen no creer en Dios ni en la Iglesia. Todas estas incongruencias nos dan idea de la falta de formación que hay hoy entre los que se llaman católicos. Y esto tiene que preocuparnos.
Al hilo de esta encuesta podemos citar otra que publicaba hace unos días en la revista Misión; según ésta “el 80 % de nuestros jóvenes nunca va a Misa.  ¡El 80%! Cuál es la causa de esto, ¿que no le hemos hablado de Dios, o que no estamos acertando en nuestro apostolado? Yo me inclino a creer que es por esto último, porque quien más, quien menos, todos los mayores nos hemos preocupado de enseñar a los nuestros nuestras prácticas religiosas, y no parece que hayamos tenido mucho éxito. Algo está fallando en nuestro apostolado.
Es obvio que como Movimiento de personas mayores no es nuestra misión organizar el apostolado de los adultos, ni el de los jóvenes, pero como responsables de nuestras familias no podemos desentendernos del ambiente en que viven los jóvenes, porque este es el ambiente en que viven nuestros hijos y/o nuestros nietos. Decía Benedicto XVI en Luz del mundo: “Se podrían enumerar muchos problemas que existen en la actualidad y que es preciso resolver, pero de todos este de hacer visible a Dios en el mundo es el más importante”. Lo más importante en religión, lo primero de todo, es creer que hay Dios. Si falla esto, falla todo lo demás. 
No descubrimos nada nuevo si decimos que en cada época se ha vivido la religión de distinta forma, y que en todas ha habido gente que afirma que Dios existe y gente que lo niega, y en cada época se han utilizado argumentos distintos para defender o atacar la fe a tono con los conocimientos de la época.  Dios no cambia, pero nuestros conocimientos y nuestras experiencias en relación con Él sí, y esto hace que tengamos que presentarlo de distinta forma en cada época. Hoy los argumentos más utilizados para atacar las creencias religiosas son los de tipo científico, porque en nuestra cultura occidental está de moda presumir de progresista, y presumir de progresista hoy es quitar a Dios y poner la ciencia en su lugar. Algunos científicos actuales, no la ciencia, pretenden hacernos creer que la ciencia ha logrado demostrar que Dios no existe, y nos muestran sus teorías haciéndolas pasar por ciencia cuando en realidad solo son hipótesis suyas carentes de toda comprobación empírica, y por lo mismo carentes de credibilidad científica, aunque vayan firmadas por un científico de renombre.
En el transcurso del desarrollo de los temas que pensamos presentar este curso iremos viendo cómo fallan algunas de esas teorías que proclaman a bombo y platillo que Dios no es necesario para la creación del universo porque éstos, según ellos, pueden surgir de la nada por causas naturales. La difusión de estas hipótesis, están dejando una sociedad sin Dios, sin que los cristianos estemos acertando a darles la respuesta adecuada para defender nuestras creencias con argumentos creíbles y adaptados a los conocimientos de hoy. Por esto me ha parecido oportuno tratar este tema durante el presente curso.
Tanto nos están martilleando con que los científicos dicen que Dios no existe que al final nos lo estamos creyendo.  ¿Y digo yo, habrá alguien que pueda rezar sin estar convencido de que existe ese a quien rezamos? Pues a eso, a que recen al Dios que no creen estamos invitando a los que no creen en Dios.  Parece que lo razonable sería que a los que no creen, que son los que más necesitan el apostolado, les empezáramos hablando primero de las razones que tenemos para creer que Dios existe, pero parece también que aquí hay café para todos, a todos hay que decirles lo bueno que es este Dios que todo lo perdona, aunque a quien le hablemos no crea en Dios.
¿Cómo nació nuestra religión y cuál es su historia?  Para poder fundamentar bien nuestra fe tenemos que conocer cómo nació y porqué creyeron en este Dios los primeros creyentes, y porqué creyeron en Cristo los primeros cristianos. Sabemos por la Biblia que nuestra fe arranca de Abraham. Se ha cuestionado por muchos, sobre todo ateos, la existencia de este personaje bíblico diciendo que no ha existido como persona real, sino como un personaje mítico creado por la leyenda. Esto hoy está fuera de duda. Hay documentos que así lo prueban. Ente otros tenemos las Tablas de Ebla. “Uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes son las Tablas de Ebla, fechadas entre los años 2,500 a 2000 a.C. y que contienen los nombres de Abraham, Ismael, Jerusalén, Sinaí, Sodoma y Gomorra, entre otros nombres y lugares bíblicos. Estos documentos son los más antiguos que mencionan a personajes bíblicos, incluso son más antiguos que la Tora, y confirman la existencia de Abraham e Ismael, entre otros personajes bíblicos. Asimismo, demuestran que el mensaje religioso que ellos difundieron se extendió por Siria, Mesopotamia, Israel, Turquía y Egipto, entre otras regiones”. (Wikipedia)
El mensaje religioso de Abraham y sus descendientes es que creyeron en este Dios (antes creían en otros dioses) porque observaron que hacía lo que decía. Este fue el origen de su fe, y el de la nuestra. Creemos en el Dios de Israel porque es un Dios que se muestra, que hace cosas  (milagros) y Alguien que hace cosas tiene que existir, ya que   si no existiera no podría hacer nada.
¿Y por qué creyeron los apóstoles en Cristo? Si alguno le costó creer en Jesucristo fue a los apóstoles.  Estos habían convivido con Cristo y habían oído su palabra y visto sus milagros, y cuando murió en la cruz dudaron de él. Creyeron que era el enviado de Dios cuando recibieron el Espíritu Santo y con Él la evidencia de quien era Cristo. Tener la evidencia de algo es tener el conocimiento pleno, la certeza plena de que eso es así.  Esta certeza de que Cristo era el enviado por Dios es la que dio a los apóstoles la fuerza necesaria para seguirle hasta dar su vida por él y para anunciar su doctrina soportando toda clase de contratiempos.    
Debemos tener claro que el fundamento de nuestra fe no es una idea que nos hayan metido en la cabeza, ni un cuento de los curas para vivir de ello. Es fruto de la experiencia vivida por múuuchos hombres en todas las épocas.

¿POR QUÉ LOS CRISTIANOS CREEMOS EN UN DIOS QUE NADIE HA VISTO, Y QUE LOS CIENTÍFICOS NO PUEDEN DEMOSTRAR SU EXISTENCIA?

Es cierto que ningún científico ha podido probar que Dios existe, como es igualmente cierto que ninguno ha podido demostrar científicamente que no existe, a pesar de las afirmaciones de esos científicos que todos tenemos en mente. Dicen los ateos que los cristianos creemos en un Dios que no existe porque nadie lo ha visto y nadie puede probar que exista. Estamos tan obsesionados con la ciencia que pensamos  que ésta lo va a solucionar todo, y que solo es verdad lo que la ciencia puede demostrar que lo es, y esto no es así. No solo existen las pruebas científicas para descubrir la verdad, existen también otros caminos que nos llevan al conocimiento pleno de la verdad, como es la evidencia, la prueba testifical o el conocimiento por la propia experiencia. Por cualquiera de estos caminos podemos llegar a tener la certeza de una verdad sin necesidad de la prueba empírica.
Pongamos un ejemplo entre los miles que pueden darse. Supongamos que tú sales a dar un paseo. Vas solo por un camino, nadie te ve, te da un síncope, pierdes el conocimiento y caes al suelo. Al poco rato recobras el conocimiento, te levantas y se pasa todo. Al día siguiente vas al médico, le cuentas lo que te ha pasado, y dice: Aquí no hay síntomas de nada. Nadie te ha visto, nadie, (ni la ciencia), pueden demostrar nada. ¿Creerás tú que no hubo síncope porque nadie puede demostrar nada?
¿Qué camino se sigue en estos casos para hallar la verdad?  Lo habitual en casos parecidos es tratar de averiguar si son creíbles los hechos que se relatan y si es creíble la persona que los expone. Estas y otras técnicas parecidas pueden llevarnos al conocimiento de la verdad sin necesidad de pruebas científicas que serían imposibles de practicar. En este caso concreto ¿quién estaría más cerca de la verdad, el que cree a la persona que dice que sufrió en síncope o los que dicen que no puede creerse porque nadie puede probar nada? Pues esto mismo pasa con millones de experiencias personales en el campo religioso.  Por mucho que griten quienes no quieren creer a quienes han o hemos vivido este tipo de experiencias nosotros seguiremos diciendo que son evidencias de la presencia de Dios, tan evidentes para nosotros como pueda ser para ti que tuviste el síncope del ejemplo. Estas vivencias que se vienen repitiendo en todos los tiempos son las que mantienen la fe del pueblo de Dios. No son los curas, ni nuestros discursos los que sostienen nuestra fe. Es Dios mismo con su presencia constante entre nosotros el que mantiene firme nuestra creencia en Él.
Deseando a todos un feliz curso 2018/2019 nos despedimos hasta el próximo número.

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