TEMA 5. CONVERSIONES DE CIENTÍFICOS E INTELECTUALES                 
                             
En los casos que exponemos hoy vamos a ver que no le llegó la fe  a estos intelectuales por su ciencia  ni por la razón si no por lo que ellos vivieron, y esto fue para ellos prueba  más evidente de que Dios existe  que las que se obtienen en los laboratorios.    Cualquiera que de verdad haya vivido estas experiencias no puede dudar de la existencia de Dios,  aunque lo intenten, como le ha pasado a algunos científicos y no científicos que en un principio se negaban a aceptar que el hecho vivido era procedencia de Dios. (Ejemplo A. Carrel en Lourdes, que veremos más adelante)     

                                        CONVERSION DE J. WRIGHT

John C. Wright  nació en 1961 y fue un filósofo y escritor abanderado del ateísmo militante contra el cristianismo y que más tarde tuvo una experiencia sobrenatural que lo convirtió.
Dice que habitualmente recibe emails de sus lectores preguntándole si verdaderamente cree ahora que el creador de nuestro universo con 70 trillones de estrellas  pudo engendrar un hijo hijo llamado Jesús, que hizo milagros, resucitó de entre los muertos, y se presentó  como mensajero del creador de la humanidad. A estos responde Wright: Yo soy una persona presuntamente muy racional. Yo era un campeón del ateísmo, y daba argumentos tan convincentes a favor del ateísmo que conseguía que mis amigos abandonasen  sus creencias religiosas. Pero concluí el proceso tortuoso y de décadas de implacable lógica, y vi  que estaba equivocado y hasta me sorprendí de cómo pudo pasar esto
J.C Wright pone a prueba a Dios. Al ser un filósofo con deseos de  conocer sinceramente la verdad rezó a Dios y lo sometió a una prueba empírica escribiéndole una carta. (La prueba empírica está basada en experimentos que se hacen para comprobar si una hipótesis es cierta o falsa).   Por primera vez en mi vida, -dice Writght- oré, y le dije: “Dios. No hay forma lógica de conocer que puedas existir, y aunque aparezcas en la carne, yo diría que es una alucinación. Así que no puedo pensar en ninguna forma posible, sin importar cuan clara sea la evidencia, de que puedas probarme tu existencia.  Pero los cristianos afirman que eres benevolente, pero  que mi falta en no creer en ti, inevitablemente me maldecirá. Si, como dicen, te importa si estoy o no estoy condenado, y si, como dicen todos, eres sabio y todopoderoso, puedes probarme que existes a pesar de que estoy seguro de que tal cosa es lógicamente imposible. Agradeciendo de antemano tu colaboración en este asunto, John C. Wright”.
Hecho esto siguió pidiendo a Dios que le descubriese que efectivamente existía, y Dios escuchó su plegaria y  le descubrió su existencia por los caminos que menos esperaba. Fue  un hombre que buscó honestamente la verdad y la encontró. Cristo dice: Pedid y recibiréis  y Wright descubrió que en su caso esto resultó ser cierto.  Dios no siempre da lo que pedimos porque no puede concedernos algo que sea para daño de nuestra salvación eterna, y nosotros desconocemos  qué es lo que nos viene bien o mal de cara al  futuro de  nuestra salvación, y eso hace que podamos pedir cosas que nos hace mal.
La respuesta de Dios a la carta de Wright. Tres días más tarde de haber hecho esa petición y sin previo aviso, tuve un ataque al corazón, y estaba tirado en el suelo, gritando y muriendo. Entonces fui salvado de una muerte segura por la fe de curación, (parece  aquí  que atribuye su curación a un milagro  de curación)  después de lo cual –sigue diciendo-:  1) sentí al Espíritu Santo entrar en mi cuerpo; 2) me convertí inmediatamente consciente de mi alma, una parte de mí mismo que, hasta ese momento, pensé que no existía; 3) recibí la visita de la Virgen María, su hijo y su Padre; 4) por no hablar de otros espíritus y fantasmas en un período de varios días; 5) incluyendo períodos de éxtasis divino, y una conciencia de la unidad mística del universo.
Luego, alrededor de un mes más tarde, cuando estaba leyendo la Biblia, me encontré con ese pasaje en el libro de Juan, un pasaje que nunca había visto antes, y que ningún cristiano en mi audiencia había hecho referencia, que decía lo mismo con las mismas palabras:
“Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere. Del mismo modo, el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo la responsabilidad de juzgar, para que todos honren al Hijo como honran al Padre.
El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado”.
(Juan 5:21-23)
La oración sarcástica fue respondida con mucho más de lo que yo había pedido. Y me dieron no sólo la evidencia, y no sólo abrumadora evidencia, sino un gozo inefable y la vida eterna. (Toda vivencia de este tipo viene siempre acompañado de un gozo inexplicable -la gracia de Dios-  que es la que nos transforma. 

FRANCIS S. COLLINS: DIRECTOR DEL PROYECTO GENOMA HUMANO. Este científico nació el 14 de abril 1950, es un genetista conocido por sus descubrimientos de enfermedades y por haber dirigido el Proyecto del Genoma humano durante  nueve años. El presidente Barack Obama lo consideró como "uno de los mejores científicos del mundo".
  A su paso por el postgrado se consideraba ateo convencido, pero más tarde analizó los argumentos de los científicos tanto a favor como en contra de Dios, revisó sus débiles creencias religiosas, leyó algunos autores cristianos que le hicieron reflexionar y llegó a la conclusión de que el cristianismo era el mejor para seguir viviendo. Hubo una reflexión y una preparación antes de tomar la decisión, postura que parece lógica y propia de los seres racionales, pero que muchos  la omiten y se olvidan de Dios sin sin hacer ninguna clase de análisis.
Este científico después de haber estudiado el tema llegó a la conclusión de que los milagros son una “posibilidad real” y descartó que la ciencia sirva para refutar la existencia de Dios debido a que la ciencia está confinada al mundo “natural” y Dios pertenece al mundo espiritual.
Dice que como director del Proyecto Genoma Humano ha dirigido un consorcio de científicos en la lectura de 3.1 billones de cartas del genoma humano, nuestro libro de instrucciones del ADN. Él ve en el ADN, la molécula de información de todas las cosas vivas, como el lenguaje de Dios y la elegancia y complejidad de nuestros propios cuerpos y del resto de la naturaleza, es como una reflexión sobre el plan de Dios.
Después de reflexionar –dice- tuve que admitir que la ciencia que yo tanto amaba era incapaz de contestar preguntas tales como: "¿Cuál es el sentido de la vida?", "¿Por qué estoy aquí?", "¿por qué funciona la matemática?", "Si el universo tuvo un comienzo, ¿quién lo creó?". "¿Por qué los humanos tienen sentido moral?"  "¿Que ocurre cuando morimos?"
Siempre había asumido que la fe estaba basada en argumentos puramente emocionales e irracionales y quedé asombrado al descubrir en los escritos del profesor de Oxford C.S. Lewis, y después en otras fuentes, que uno podía edificar un razonamiento muy sólido a favor de la posibilidad de la existencia de Dios basándose  puramente en hechos documentados del cristianismo. Mi anterior afirmación atea de que "Yo sé que no existe Dios" surgió como la menos defendible. Dice el escritor inglés  G.K. Chesterton  que  "El ateísmo es el más atrevido de los dogmas, porque es la afirmación de un negativo universal".
Muchos dicen  que  la ciencia es incompatible con la interpretación ultra-literal del Génesis. Claro que lo es, y también  otros textos de las Sagradas Escrituras. Todos sabemos que muchos textos si se interpretan literalmente dicen barbaridades, pero si se entiende el mansaje que quieren transmitir expresan muy gráficamente una gran verdad.
         
OTROS CIENTÍFICOS E INTELECTUALES CONVERTIDOS POR  VIVENCIAS PERSONALES
Alexis Carrel.  Este, al igual que Einstein y Hawking tampoco creía en los milagros. Fue un eminente médico francés premiado con el Nobel de Medicina. Antes de ser premiado formó parte como médico de una expedición de enfermos que iban en peregrinación a Lourdes. Era ateo y su curiosidad lo llevaba a este Santuario para observar de cerca qué pasaba con los milagros del Santuario, en los que no creía. En el tren iba una enferma de peritonitis tuberculosa y estaba tan enferma que Carrel decía: “Temo que se me muera entre las manos”, y bromeando “prometió al equipo médico  que lo acompañaba convertirse en monje si ella llegaba con vida a la Gruta. La enferma llegó viva a la Gruta, pidió que vertieran tres veces sobre su cuerpo una jarra de agua del manantial de Lourdes, y milagrosamente se curó ante las propias narices de Carrel y de todo su equipo. Al principio se negó a aceptar la posibilidad de un milagro, entre otras cosas para no perjudicar su prestigio de medico ateo, pero su mente tampoco lograba obtener otra conclusión más lógica y finalmente admitió que los milagros existían y se convirtió al cristianismo. Y escribió su libro  El Viaje a Lourdes donde describe esta experiencia que le llevó a creer en Dios y a cambiar su vida. Vemos aquí un milagro de sanación entre miles que se dan en todos los tiempos.
André Frossard. Este intelectual nació en Francia en 1915 y fue educado en un ateísmo total. Sus padres (ella atea de origen protestante y él judío) lo criaron como ateo, pero a los 20 años de edad se convirtió al catolicismo tras tener una visión sobre "un mundo distinto, de un resplandor y una densidad que arrinconan al nuestro a las sombras frágiles de los sueños incompletos". Fue periodista y escritor.  Escribió muchos libros, la mayoría de inspiración religiosa. En 1990 Juan Pablo II le otorgó la Gran Cruz de la Orden Ecuestre de Pio IX y fue uno de sus  amigos franceses.
Encontró la fe a los veinte años, de un modo sorprendente. Él lo cuenta así: “Habiendo entrado a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra. Habiendo entrado allí escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar, volví a salir, algunos minutos más tarde, católico, apostólico romano,  y arrollado por la ola de una alegría inagotable. No puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe”.  Frosad murió católico a los 80 años tras haber sido uno de los intelectuales católicos franceses más influyentes de su país en el en el siglo XX.

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