TEMA 6. OPINIONES SOBRE RELIGIÓN
   

ERNST BORIS CHAIN (1906 - 1979), Premio Nóbel de medicina 1945 por su trabajo con la penicilina: «La idea fundamental del designio o propósito [divino]... mira fijamente al biólogo no importa en dónde ponga este los ojos... La probabilidad de que un acontecimiento como el origen de las moléculas de ADN haya tenido lugar por pura casualidad es sencillamente demasiado minúscula para considerarla con seriedad...»
ARNO PENZIAS (1933- ), Premio Nóbel de física 1978 por su descubrimiento de la radiación de fondo cósmica, patrones que otros físicos interpretaron como prueba de que el Universo fue creado a partir de la nada o Big Bang: «Si no tuviera otros datos que los primeros capítulos del Génesis, algunos de los Salmos y otros pasajes de las Escrituras, habría llegado esencialmente a la misma conclusión en cuanto al origen del Universo que la que nos aportan los datos científicos».  (Quiere decir que interpretando el mensaje religioso de las Sagradas Escrituras -no la literalidad de sus textos- se puede llegar a la misma conclusión que los datos de los científicos sobre el origen del Universo: Que ha sido creado por alguien sapientísimo. No lo ha formado el azar).
DEREK BARTON (1918 – 1998) Compartió el premio Nóbel de química en 1969 por sus aportaciones al campo de la química orgánica en el desarrollo del análisis conformacional: «No hay incompatibilidad alguna entre la ciencia y la religión... La ciencia demuestra la existencia de un Dios».
ARTHUR L. SCHAWLOW (1921 - ) Compartió el premio Nóbel de física 1981 por el desarrollo de la espectroscopia del láser: «Al encontrarse uno frente a frente con las maravillas de la vida y del Universo, inevitablemente se pregunta por qué las únicas respuestas posibles (a la creación del mundo) son de orden religioso... Tanto en el Universo como en mi propia vida tengo necesidad de Dios»

 NOTA MÍA. Esta es una pequeña muestra de científicos relevantes reconocidos a nivel mundial que confiesan creer que Dios existe. A la vista de estos casos, y de los que hemos visto en los artículos anteriores no podemos decir que la ciencia está contra Dios o contra la religión, como afirman erróneamente, (o interesadamente)  algunos científicos ateos y muchos políticos. No es la ciencia la que está contra Dios, son algunos científicos ateos los que opinan eso, pero no todos, ni la mayoría de ellos. La ciencia como tal   no puede demostrar que Dios existe o que no existe porque Dios está más allá de todo saber humano.  La ciencia humana  no puede conocer a Dios porque Dios es espíritu  y el mundo delos espíritus no entra en el campo de la ciencia de los hombres. Nosotros creemos creemos en Dios por las experiencias vividas (la revelación y la comprobación de lo revelado), no por la  ciencia.

VIVENCIAS RELIGIOSAS QUE NADA TIENEN QUE VER CON LA CIENCIA NI CON LOS INTELECTUALES
Pienso yo  que casos como los que hoy cuento aquí son muy frecuentes en la vida de los creyentes, a juzgar por lo que yo conozco, y creo que hechos como éstos son  los  que sostienen nuestras  creencias religiosas. Es Dios mismo quien con su presencia entre nosotros, manifestada de diversas formas y en diferentes lugares, mantiene  la fe de los creyentes en Él. Estos casos  no gozan de mucha publicidad porque quienes los vivimos somos muy reacios a hablar de ellos porque pertenecen al ámbito de nuestra intimidad  y a nadie nos gusta airear nuestras  intimidades, pero quienes hemos vividos estas experiencias ya no podemos dudar de que Dios existe y de que se relaciona íntimamente  con nosotros.
Los tres casos que narro aquí los comentamos al final de la década de 1990,  los tres éramos miembros  de Vida Ascendente y estábamos  asistiendo a un curso organizado por este Movimiento en Madrid; creo que el curso era de animadores. Hoy  estoy escribiendo de memoria, y  con mis noventa y tres años,  y dado  el tiempo transcurrido desde entonces, no puedo dar datos muy precisos sobre los nombres y las fechas, pero sí recuerdo perfectamente lo que oí contar a sus protagonistas.  
Caso de Málaga. Málaga  es el apellido del protagonista, y creo casi seguro que militaba  en Vida Ascendente de Córdoba, y que perteneció algún tiempo a la Comisión Nacional de V. A.
Por aquel entonces Cáritas de Córdoba había acogido a un chico para su rehabilitación, y estando éste bajo la  custodia  de dicha institución lo reclamaron desde un juzgado para ser juzgado por algo que hubiera hecho.  Había que trasladarlo escoltado desde  Córdoba hasta el lugar del juicio, creo hasta Galicia, y la responsabilidad  de este traslado era de Cáritas que es la que respondía del cuidado de ese individuo. Este cometido de llevarlo hasta el juzgado correspondiente se lo encargaron a Málaga. El viaje lo hacían en tren con encargo de pasarla la noche creo que en el monasterio de de Santo Domingo de la Calzada.  El caso es que al bajar del tren para pasar la noche en el lugar convenido, el chico desapareció y Málaga todo preocupado estuvo buscándolo   durante un buen rato sin resultado alguno. Cansado de buscarlo se metió en la Capilla y  dice que allí no sabe qué  le pasó, pero que debió de estar un buen rato inconsciente. Cuando  volvió en sí  se encontró con que el desaparecido estaba sentado junto a él esperando a que volviera en sí.   No es esto lo me sorprendió, decía Málaga,  sino lo que viví en ese tiempo que estuve ausente. ¿Y qué fue lo que te pasó?, pregunté yo ansioso por conocer su experiencia. No puedo explicarlo, fue la respuesta. Es algo inexplicable pero que te cambia todo, nos dijo. Comprendimos  mi compañero y yo que no quería hablar mucho de su experiencia y poco más halamos de esto. Luego  tomó la palabra mi colega el Intendente Mercantil y nos explicó su caso que es el siguiente:
Caso de mi colega el Intendente Mercantil.  Este compañero de Vida Ascendente  era Intendente Mercantil  como yo, y al igual que yo él era el director  internacional en su empresa y yo era el director de Informática en la mía. Tal vez las coincidencias en el título y en lo profesión hicieran que se me quedasen más grabados sus datos. Nos decía que vivía completamente  olvidado de las cosas de religión y que solo pensaba en las cosas de su trabajo, hasta que un día trabajando  le dio un fuerte infarto de miocardio y tuvieron que llevarlo al hospital. Allí tuvieron que operarlo de urgencia a vida o muerte, y contaba  que estando en plena operación se le paró el corazón bastante tiempo  y los médicos no eran capaces de reanimarlo, por lo que lo dieron por muerto. Dice que cuando las enfermeras iban  a desengancharlo ya de las máquinas de repente empezó a dar señales de vida  y consiguieron reanimarlo y terminar felizmente la operación. 
Hasta aquí nada nuevo que no pase algunas veces en los quirófanos. Lo llamativo del caso es que al volver en sí después de operación le  contó  al equipo médico con todo detalle todo lo que habían hecho y lo que habían hablado cuando pensaban que estaba muerto. Lo médicos quedaron atónitos ante tan precisa descripción. ¿Cómo pudo ser,  pregunté yo, que estando anestesiado y sin poder moverte pudieras ver y oír  lo que hablaban y que  que corrían de un sitio a otro, como dices?  Yo no estaba en mi cuerpo, nos dijo, estaba como revoloteando por encima del quirófano y lo veía todo desde allí. Como en el caso de Málaga, decía este amigo que a él  lo que más  le había impactado  no era el hecho de verse fuera de su cuerpo si no “algo” que él no podía explicar, pero que le había cambiado por completo su forma de ver ahora a Dios y al mundo.  Y como en el caso de Málaga tampoco quería hablar   de esto.
El caso es que los tres queríamos que los otros hablasen de sus vivencias para compararlas con las nuestras, pero teníamos reparos en hablar de las nuestras. ¿Cuál es motivo de no querer hablar nosotros de nuestras vivencias? Pienso que hay tres  cosas que nos impulsan a esto.  Primero está el hecho de que por mucho que nos esforcemos sabemos que no podemos transmitir lo esencial lo vivido que es lo que sentimos y lo que vivimos. Las palabras no pueden transmitir los sentimientos ni las  vivencias  y sin poder transmitir esto no es entendible lo que pasa en esos momentos.  En segundo lugar tenemos lo que hemos dicho antes, no nos gusta airear nuestras propias intimidades. Y un tercer motivo puede ser el hecho del gran respeto que sientes al hablar de Dios.  Cuando después de una vivencia de este tipo intuyes la grandeza de Dios, Dios ya no sigue siendo el mismo para ti. Esto es lo que nos  hace cambiar nuestro comportamiento respecto a Él. Aunque seguimos con las mismas limitaciones y  aunque aparentemente parezca que todo sigue igual para ti ya nada es lo mismo.
¿Y cuál es mi caso?  Mi caso, como el de los dos anteriores, carece de relevancia a nivel social por las mismas razones que los anteriores. Trataré de ser lo más explícito que pueda, pero me temo que como en los casos anteriores tampoco sea capaz de explicar nada relevante sobre esto.
Todo ocurrió estando una noche rezando en la cama. De repente sentí como si entrara en otro mundo y fuera atraído fuertemente  por un foco luminoso que me arrastraba hacia sí sin que yo pudiera dejar de caminar hacia él, y cuanto más me acercaba  a él más sentía un inmenso respeto mezclado con un  inmenso temor y una intensa felicidad imposibles de describir. Tan intenso eran esos sentimientos  que llegué a temer que se me partiera el corazón, no sé si de gozo o de temor-respeto (no miedo).  Aquel estado era tal que me dije: ¡qué bien se está  aquí!, y deseé quedarme allí, pero de repente otro pensamiento pasó por mí me mente y me dio  entender que tenía  que  volver a este mundo  porque aún tenía que hacer algo aquí,  y en ese momento volví en mí.  
Todo esto, que contado así puede parecer que es un sueño de un minuto, debió durar bastante rato  a juzgar por la montaña de cosas que percibí en en ese lapso de tiempo. Desde que empecé a caminar atraído por el foco luminoso hasta que llegue muy próximo a él ocurrieron muchos y encontrados sentimientos donde se mezclaban la duda, el respeto, el temor, la confianza, el amor y  la felicidad pero todo en dosis tan elevadas que, repito, llegué a tener la sensación de que en cualquier momento se me iba a estallar el corazón.
¿Todo esto fue sugestión, fue un sueño, fue…? Tú puedes pensar lo que quieras. Yo  ni soy mejor ni peor que antes, ni más ni menos santo que antes, ni  sé que tenga ninguna misión especial que cumplir,  pero una cosa  sí tengo muy clara: aquello cambió mi vida, y desde entonces Dios para mí no es el mismo que antes, ni la visión de este mundo es la que era antes. Cambiaron mis  comportamientos para con Dios y para con el prójimo, y aunque han quedado las mismas limitaciones de antes ya nada es igual que antes.
¿Prueba esto que Dios existe? Para ti y otros muchos como tú seguro que no,  pero para mí es una evidencia  clara de   su existencia. No me cabe ninguna duda de que existe Dios y que tiene relación muy directa con nosotros los hombres, y cada vez estoy más convencido de que las enseñanzas de Cristo son verdaderas.

 

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