TEMA 7. TRANSMITIR LA FE EN DIOS
DIOS EXISTE E INTERACTÚA EN NUESTRAS VIDAS 

La transmisión de la fe no siempre se ha hecho de la misma forma en la Iglesia. Ésta siempre ha procurado transmitirla con  arreglo a los conocimientos  y costumbres de la época, y es sabido que estos conocimientos y costumbres cambian con el tiempo. Esto puede hacer que la forma en que nos transmitieron la fe nuestros mayores a nosotros  no sea la más apropiada para transmitirla nosotros a nuestros hijos. De hecho parece que algo no está funcionando bien porque hoy el 70% de la población más joven no cree en Dios aunque se declaran católicos, y esto puede ser indicio de que  no lo estamos haciendo bien. En muy poco tiempo ha habido un cambio de época muy profundo. Los espectaculares avances de la ciencia y de las nuevas tecnologías están siendo los motores de   las nuevas formas de vida que hoy tenemos, algo inimaginable  hace tan solo  cincuenta años.  Antes recibíamos la formación religiosa en los colegios, en las homilías dominicales y en la familia. Hoy se ponen trabas a los colegios para enseñar religión católica, muchos profesores transmiten  el ateísmo en sus clases,  la gente no va a las iglesias, y en la mayoría de las familias modernas no se practica religión. A mayor abundamiento tenemos que antes nadie osaba  negar la existencia de Dios, ni hablar contra la Iglesia. Hoy se difunden las  ideas contrarias a la religión a bombo y platillo en los abundantes medios de difusión que tenemos, exponiendo brillantes argumentos que parecen creíbles para defender las tesis ateas. ¿Cómo podemos pensar que hoy bastan las fervorosas prácticas rutinarias de antaño para mantener la fe en el ambiente social actual? Si queremos transmitir la fe hoy tendremos que dar mejores razones para creer que las que dan los ateos para no creer. Y si no lo hacemos así, y no veo que lo estemos haciendo, serán  los ateos los que sigan ganando terreno.
Transmitir la fe no es tanto una cuestión de estrategia o de programación como de dar buenos ejemplos y argumentos razonables y creíbles  de nuestra fe. Nosotros no podemos transmitir la fe;  dar la fe  es cosa de Cristo: Cristo es el camino. Lo nuestro es tratar de facilitar el camino de la fe transmitiendo conocimientos para que Cristo pueda transmitir la fe. Unas prácticas religiosas sin doctrina como la que hemos venido practicando es muy vulnerable en los tiempos actuales. Hoy se necesita una formación apologética para defender nuestras creencias. Esto  antes no era necesario. 

Algunas razones para creer que Dios existe
Hoy se duda o se niega abiertamente que exista Dios y se dan argumentos que parecen creíbles para defender esto. Para explicar por qué creemos que Dios existe realmente recordemos aquí  cual fue el origen de nuestra fe. ¿Por qué creyeron en este Dios los primeros creyentes? Creyeron en Él porque Él se les apareció. Se les reveló   anunciándole cosas que ellos no conocían ni podían conocer por sí mismos, y que eran buenas para ellos. Para aquellas personas a las que Dios se les manifiesta de alguna forma éstas manifestaciones son para ellos evidencia de que existe. Los primeros hombres elegidos por Dios para manifestarse fueron Judíos: Abraham, Isaac, Jacob, Noé, Moisés, los Profetas etc. etc. Éstos transmitieron lo que habían visto a sus hijos y a sus tribus. Este es el procedimiento que Dios ha seguido desde entonces hasta hoy para darse a conocer al género humano. De esta forma, si nosotros  nosotros no hemos sido de los afortunados que  se han encontrado con Dios, si queremos  creer en Él  tendremos que empezar por creer a los que nos dicen que ellos sí han constatado su presencia. ¿Por qué Dios sigue este procedimiento para darse a conocer y no se nos da a conocer directamente  a cada uno en particular? Seguro que tiene buenas razones para esto, pero eso solo Él sabe por qué actúa así. Cristo también siguió este  camino para enseñar su doctrina; enseñó a sus discípulos durante tres años  y después les dijo que enseñaran a todos lo que él les había enseñado, y añadió: El que a vosotros escucha, a mí me escucha, y el que a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y el que a mí me rechaza, rechaza al que me envió. (Lucas 10:16). Esto no deja de ser una llamada de atención a esos que dicen: “yo creo en Dios, pero no en los curas” (en los hombres que anuncian a Dios). ¿Qué otro camino camino nos puede quedar para creer en Dios si rechazamos creer a los que pueden dárnoslo a conocer? ¿Podremos encontrar a Dios por nosotros mismos rechazando las  enseñanzas de quienes  lo conocen? Es cierto que algunos  que nos  hablan de Dios (curas o no curas) no merecen crédito, pero no se trata de creer ciegamente todo lo que dicen,  se trata de averiguar si es cierto o no lo que dicen cuando hablan de Dios.
Por qué creo yo que Dios existe.  Ya antes de que Dios se revelara  a Abraham  los hombres creían en los dioses. Se dice que han sido cientos de miles los dioses creados por los hombres, pero ninguno de éstos  se ha revelado a nadie dando señales  evidentes de que existe. Por eso Abraham, que creía en esos dioses, los dejó a todos  y creyó en este que se le había revelado.
La fe religiosa es definida por muchos como una creencia que no está sustentada en pruebas materiales ni documentales, y que no puede comprobarse su veracidad ni su falsedad. Esto es cierto cuando hablamos de dioses en general, pero no ocurre lo mismo cuando hablamos del Dios de Abraham. El Dios de Abraham  ha dado pruebas evidentes de que existe aunque no pueda demostrarse  con pruebas empíricas.
San Pablo en  Hebreos, 11,1  define la fe como “garantía de lo que se espera y la prueba de las realidades que no se ven". Definido así parece un galimatías, pero a continuación  explica muy bien con ejemplos la lógica de la creencia en nuestro Dios.   De Noé dice: “Por la fe Noé, advertido por Dios de lo que aún no veía, con religioso temor construyó un arca para salvar a su familia”. Vemos aquí que Noé creyó a Dios sin más garantías que su palabra  y empezó a construir el arca con la esperanza de que fuera cierto lo que le había dado a conocer. Este es el primer paso de la fe, escuchar al que habla para tener conocimiento de que Dios. El segundo paso es comprobar si eso que se nos dice de Dios  es cierto o no para llegar al asentimiento y aceptar ese conocimiento que se nos transmite sobre Dio. Noé comprobó que el diluvio llegó y que ocurrió lo que Dios le había dado a conocer y por eso creyó en Él y a Él. La creencia de que nuestro Dios existe realmente no es una fe ciega y absurda sin fundamentos lógicos. Es una fe razonada y racional. Está fundamentada en evidencias personales de mucha gente. Alguien que profetiza cosas y que esas profecías  se hacen realidad solo pueden proceder de  Alguien que exista. Sin existir no se pueden hacer esas cosas. El fundamento de nuestras fe lo encontramos en las evidencias personales, no en la ciencia,  y la evidencia personal es más convincente y más segura que la ciencia.  Este es el motivo por el que la fe ha precedido a la ciencia, y puede subsistir aunque no  se tengan conocimientos científicos.
¿Interviene Dios en nuestras vidas? No nos basta con saber que Dios existe. Nos interesa, y mucho, saber  qué influencia puede tener en nuestras vidas. Si fuera un Dios que no va influir en nuestras vidas no nos importaría ignorarlo,  pero si es verdad  que nos puede premiar o castigar según sean nuestros comportamos nos importa  mucho saber cómo actúa con relación a nosotros. El libro del Éxodo (en 3,14) nos dice que Moisés preguntó a Dios que quien era para informar a su pueblo, y Dios le responde: “Yo soy  “YHVH”. Este término  los judíos tradujeron más tarde por “YAHAVÉ.  Según sus raíces  este nombre viene a significar que es el Absoluto, el ser supremo, el Todo. “YHVH” También se tradujo por Yo soy el que soy (soy todo lo que hay).  De esto que nos dice Dios de sí mismo podemos deducir que nunca podremos comprenderlo  mientras tengamos las limitaciones que la carne impone a nuestro entendimiento. Él es espíritu y vive conforme a las leyes del espíritu y nosotros tenemos materia y vivimos conforma a las leyes de la materia. Él  puede conocer “Todo”,  nosotros desconocemos muchas cosas. Mientras estemos en la tierra nunca podremos tener los conocimientos de Dios, y si no podemos conocer todo lo que Él conoce  ¿cómo podremos juzgarlo?    O aceptamos a un Dios que no podemos comprender porque es  inmensamente superior a nosotros o nos quedamos sin el Dios verdadero. Un Dios entendible por el hombre sería un Dios igual a nosotros,  y un Dios igual  al hombre no puede ser Dios.   

También quiso Dios  dejar claro cómo son sus relaciones con nosotros. En Éxodo 34,6 se dice que Dios se reveló a Moisés diciéndole que Él es “misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes” Vemos aquí que Dios es rico en amor y misericordia, y perdona los pecados,  pero no los deja impunes.  Contrasta esta imagen del Dios justiciero con la que ahora nos presenta la Iglesia diciendo que es amor y que lo perdona todo.  El castigo y el perdón de Dios son  dos caras de la misma medalla.  Las dos son ciertas y necesarias para poder entender a Dios.  Nadie aceptaría un Dios injusto. Para que haya justicia tiene que haber premio al bien y castigo al mal. Esta es la razón de que haya cielo e infierno. Un Dios que hace justicia y un Dios que nos ama no son incompatibles. Un Dios que perdona y ayuda  al que se arrepiente y quiere hacer el bien, y un Dios que castiga al que no quiere dejar de hacer el mal es un Dios misericordioso y justo, y ese es nuestro Dios. Hoy dicen muchos que no creen en este Dios porque es injusto  al permitir el sufrimiento  de los inocentes. Hubo un tiempo en que se consideró que el tener un hijo discapacitado o tener algún miembro de la familia con algún defecto grave era un castigo de Dios por los pecados cometidos. Hoy esta idea está ya superada. El sufrimiento no es necesariamente un castigo de Dios, como no lo es el ser bajo o alto, gordo o flaco, guapo o feo, contrahecho o buen tipo. Muchos sufrimientos ocurren  por  efectos de la naturaleza humana o por la equivocada actitud de los hombres, no porque Dios los  mande. Nuestro Dios es justo y misericordioso y sólo Él sabe   cuándo, cómo y dónde se aplica la justicia divina. Como   Cristo nos ha enseñado que  ni un vaso de agua dado en su nombre queda sin premio ni el pecado queda sin castigo en esta vida o en la otra
¿Qué es el pecado?  Pecado es toda desobediencia a Dios  hecha consciente, voluntaria y libremente. El pecado se le perdona  al que se arrepiente por la misericordia divina, pero  no se le perdona al que no quiere arrepentirse. Dios siempre respeta nuestra voluntad, y si nuestra voluntad es rechazarlo y no querer saber nada de Él, Él acepta esa decisión, y el vivir separado de Dios en la otra vida  eso es precisamente el infierno
Desobedecemos a Dios cuando no hacemos lo que Él nos manda. ¿Y qué es lo que manda Dios? Cumplir los diez mandamientos de le Ley de Dios (los diez) y las enseñanzas de Cristo. Esto lo veremos con más detalle en próximo tema.
Antes de terminar me gustaría señalar de pasada que como decía Benedicto XVI en el Prefacio de Luz del mundo nuestra tarea hoy es mostrar a las personas que Dios existe, porque en la discusión actual de si Dios existe o no se decide hoy el destino del mundo.

 

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