DEL TEMOR DE DIOS
Jesús Hernández Criado

 

Atreverse a hablar del temor de Dios en estos tiempos es exponerse a que tomen por retrasado mental, porque ¿quién puede temer  a un Dios que no existe según algunos sesudos científicos, o a un Dios que nos ama tanto  que nos perdona todo según el papa Francisco? ¿Qué sentido tiene hablar del temor al castigo de un Dios que no existe, o de un Dios que nos quiere tanto  que no va a hacernos la faena de enviarnos al infierno, a nosotros que somos buenas personas?
Pero puestos a pensar ¿cómo creer a esos científicos que dicen que Dios no existe porque ellos no lo han visto, cuando hay tantas y tantas personas que durante más de cuatro mil años vienen asegurando que ese Dios existe, que ellos son testigos de haber tenido contactos con Él en diferentes momentos de su vida? Desde los tiempos de Abraham hasta los santos de hoy, y muchos que no constan que sean santos, vienen diciendo que ellos han tenidos signos evidentes de que ese Dios se les ha mostrado  a ellos de forma indubitable con signos extraordinarios. ¿Cómo creer que no existe un Dios que se muestra tantas veces, a tantas personas, y durante tanto tiempo?
¿Y como creer que ese Dios no castiga a los hombres después de lo que han dicho estos hombres que aseguran haber tenido esos contactos con Él? El Antiguo Testamento empieza diciendo que castigó a Adán y a Eva por desobedecerlo, y fue tal el castigo que todavía seguimos sufriéndolo todos los hombres. Eso para que pensemos que su amor le impide castigarnos. Después tenemos lo que vieron  en  Sodoma y Gomorra, y lo que pasó con la mujer de Lot. Y más tarde castigó severamente a su pueblo en el desierto por adorar al becerro de oro y faltar a su mandato de no adorar más dioses que Él, y así podíamos seguir contando un sinfín de casos en los que Dios ha castigado muy duramente a quienes le han desobedecido.
¿Y qué dijo Cristo del infierno? ¿Dijo acaso que no había infierno? No, todo lo contrario. Afirmó en multitud de ocasiones que existía el pecado y también el castigo para el pecado. En el Evangelio leemos frases como estas: “Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”.  Y lo mismo dijo de la mano derecha. (Mt 5,29-30). En la parábola del rico Epulón dijo: “Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el infierno entre tormentos  levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro en su seno... ". ¿Quién lo envió al infierno sino ese Dios que tanto nos ama? ¿Y qué dijo Cristo en la parábola de la red? “Así será al fin del mundo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y echaran a los malos en el ¡¡horno de fuego donde será el llanto y el crujir de diente!!” (Mt 13:49-50)
Si, será un Dios bueno y misericordioso. Yo así lo concibo. Pero también es un Dios justo, y por ser justo tiene que premiar el bien y castigar el mal. Eso es lo que dice Cristo que hace Dios, y eso es lo que dijo Dios de sí mismo: “el SEÑOR, Dios, es compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable y el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.…”
Vistas las cosas así no parece que sea tan descabellado recordarnos con frecuencia que Dios puede castigarnos si no le hacemos caso. No hacerle caso, vivir olvidados de Él, es un desprecio que le hacemos, y todo desprecio hacia alguien es una ofensa que le hacemos. Máximo si el desprecio se lo hacemos a alguien a quien le debemos muchos favores.

Clases de temor de Dios
San Basilio destaca tres formas de temor: Primero, el temor al castigo; aquí, dice el santo, estamos en la condición de esclavos; obedecemos por miedo al castigo. Segundo, temor a morir sin méritos para vivir bien en la otra vida.  Estos obedecen a Dios porque esperan obtener una paga por lo que hacen.  Aquí, sigue diciendo, nos asemejamos a los mercenarios que trabajan por cobrar su salario. Y la tercera forma de temor de Dios es el temor de ofenderlo por lo mucho que le debemos, y queremos corresponder a su amor.  Este no querer ofenderlo porque queremos complacerlo nos lleva a comportarnos como buenos hijos, no como esclavos ni como mercenarios. Este es el más sincero de los tres y el que más agrada a Dios.
Pienso yo que el Papa Francisco con eso del año de la misericordia y con su insistencia en que Dios es amor y nos perdona todo, quiere llevarnos a este querer comportarnos como buenos hijos, consciente de que éste es el mejor de los tres temores. Pero aquí puede haber un problema, y es que por pretender alcanzar lo mejor  podemos perder lo bueno. Podemos no alcanzar este amar a Dios y perder el temor al castigo, y nos quedamos sin miedo a pecar, sin amor a Dios y hasta sin Dios, porque ¿Quién puede admitir un Dios injusto que no castiga el mal ni premia el bien? Cuando a Cristo le preguntaron que qué hay que hacer para salvarse dijo que había que cumplir los mandamientos.  Para quienes los cumplen hay salvación ¿y para quienes deliberadamente no los cumplen puede haber lo mismo?

 

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