TEMA 1: APOSTOLADO  Y ESPIRITUALIDAD

Apostolado. Anunciar el evangelio no es una obligación solo de los curas. Cristo dijo a sus discípulos: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Mc 16,1. Este mandato lo dio Cristo  para todos sus  discípulos, y discípulos suyos somos todos los que voluntariamente le seguimos.  Todos los cristianos somos llamados por él para enseñar lo que él enseñó, pero no podemos pensar en convertir a nadie.  Convertir  a la gente, hacer que crea en nuestro Dios eso es una gracia de Dios y ese regalo  lo administra él.  Creemos que no  se lo  niega a quién se lo pida, pero sí se lo puede negar con justicia a todos los que no  muestren algún interés en recibirlo.  Si quieres la fe tendrás que pedírsela a él  y demostrarle que realmente la quieres.
¿Y por qué nos pide enseñar esto? ¿Es acaso  para aumentar su riqueza o su poder? No. ¿Es para dar más poder a su Iglesia o a quienes la dirigen?  Menos. Nos pide que hagamos apostolado  para  nuestro propio bien y el de toda la humanidad.  Cristo, Dios, vino al mundo para enseñarnos donde radica la eterna felicidad que tanto ansiamos los hombres, pero no nos obligó a seguir su camino, dejó a nuestro arbitrio  seguirlo o buscar otros caminos alejados de él, pero no sin advertirnos  antes qué nos pasará si  no lo seguimos: “El que cree en Él  no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” Jn 3,16  y en  11,25 añade: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá”. No es Dios el que decide nuestra salvación o  nuestra  condenación,  somos nosotros quienes elegimos eso   con nuestros  comportamientos.
Muchos elegimos a veces nuestro camino olvidándonos de Dios y otras veces elegimos seguirlo. Yo puedo decir que ahora que lo sigo estoy mucho más satisfecho que cuando no lo seguía. Quién prueba  la felicidad que emana de Dios no cambia ésta  por ninguna otra cosa. Comunicar este hallazgo  a  otros para su bien es sigo de amor al prójimo, y en esto - dijo Cristo - conocerán todos que sois mis discípulos. Este  es  el mandamiento nuevo que é nos dio ( Jn 13,34-35)
Si alguien nos regala algo y  no sabemos para qué puede valernos  terminaremos tirándolo a un rincón  sin darle ningún valor.  Esto es lo que les pasa a muchos que habiendo practicado la religión católica en la niñez la abandonan de mayores porque no le encuentran ninguna utilidad. Nuestro apostolado hoy no puede limitarse a enseñar los textos sagrados, tendremos también que saber dar razones de para que nos vale la religión a quienes la practicamos;  esta puede ser es una diferencia entre el apostolado de ayer y el de hoy. El valor de  las enseñanzas de Cristo hay que buscarlo en la existencia  de la vida eterna.   Si no hubiera vida eterna sus palabras carecerían de valor,  pero puesto que hay otra forma de vida después de la muerte, cosa que él demostró con su resurrección, sus palabras adquieren el sello de la verdad,  y quien confía en ellas encuentran esa perla preciosa de la que él  nos  habló, encuentran la felicidad que emana del mismo Dios. Pero esta felicidad no podremos encontrarla sin la espiritualidad.

Espiritualidad. Con frecuencia confundimos  espiritualidad con religiosidad, y no es lo mismo. La espiritualidad se caracteriza por la búsqueda en nuestro interior del sentido de nuestra existencia; podemos realizar muchas prácticas cristianas, como el apostolado asistencial  por ejemplo, y no reflexionar nunca sobre nuestra parte espiritual. En este caso tendríamos religiosidad, pero no espiritualidad. La espiritualidad puede ser religiosa o laica. Es laica cuando  solo nos referimos a la parte espiritual que habita en nuestro ser como seres humanos y no la relacionamos con  el Ser Supremo. La espiritualidad religiosa busca conocer mejor a Dios y cuáles son los lazos que nos unen a Él. En este  buscar el sentido de nuestra existencia, que no lo encontramos sin un Dios eterno y justo que nos haya creado para algo más que para nacer y acabar en la nada es donde se encuentra la espiritualidad religiosa cristiana.  

¿Para qué nos vale  la espiritualidad cristiana? Este reflexionar sobre Dios y nosotros  nos ayuda a conocerlo mejor y a conocernos mejor, y este conocimiento fortalece nuestros lazos de unión con Él. De la misma forma que a una persona la conocemos mejor cuanto más nos relacionemos con ella, así a Cristo  y a Dios los conoceremos mejor cuanto más reflexionemos sobre ellos. Encontrar a Dios es encontrar la perla de la que nos habla Cristo: “También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, y que  habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró”. De nada le hubiera valido al mercader haber encontrado la perla preciosa si no hubiera sabido reconocer su valor. La espiritualidad religiosa (meditación sobre el sentido de nuestra existencia junto con la oración)  es lo que nos da a conocer a los creyentes el inmenso valor que tiene encontrar  a  Cristo-Dios. El camino para descubrir esto es Cristo, sus enseñanzas y su Iglesia: “El que a vosotros escucha, a mí me escucha, y el que a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y el que a mí me rechaza, rechaza al que me envió”. (Lc 10,16)
¿De verdad crees tú que  Cristo  te va a dar  la fe rechazando sus enseñanzas y a su Iglesia?  Piénsalo bien, tú que has dejado  de ir a la iglesia y no quieres escuchar a los que lo te hablan de sus bondades porque  conocen  sus beneficios.  A  lo mejor estás cometiendo el error de tu vida porque no quieres buscar la verdad donde verdaderamente está.   El que cree en mí aunque muera vivirá. El que no cree (porque no quiere creer) ya está condenado. Estas no son palabras de curas, son palabras de Cristo.

 

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