GRUPOS DE VIDA ASCENDENTE

Qué es un grupo de Vida Ascendente 

  Es un pequeño número de personas  que se reúnen  en un clima de amistad  para vivir mejor la vida de cristianos laicos católicos.  

¿Por qué en pequeños grupos?

 La primera razón es que vida Ascendente nació en pequeños grupos  que invitaba a otros a que se unieran para profundizar en su formación y actuación apostólica. 

Tres cosas son esenciales para vivir y transmitir el Evangelio: Una, conocerlo bien, necesario para poder anunciarlo bien. Dos conocer bien a las personas a quienes se lo queremos anunciar, y tres llevar una vida coherente con lo que anunciamos. Los apóstoles cumplían estos tres requisitos. Conocían de primera mano lo que anunciaban porque lo habían vivido con Cristo; hacían sus catequesis adaptadas a las personas a quienes lo anunciaban, como podemos observar en los distintos enfoques que dieron a los Evangelios. y todos los apóstoles llevaron una vida coherente con lo que decían, hasta el extremo de dar su vida por ser consecuentes con lo que anunciaban.

En estos momentos la Jerarquía de la Iglesia nos está llamando de forma apremiante a los laicos para que participemos en la misión evangelizadora. Si queremos vivir con responsabilidad nuestra fe, no podemos cerrar lo oídos  a esta llamada, por más que nos cueste hacer un esfuerzo para estar a la altura de los conocimientos que requieren los tiempos actuales. La conferencia Episcopal Española en su documento Laicos Cristianos-Iglesia en el mundo dice: La nueva Evangelización se hará sobre todo por los laicos o no se hará ¿Estamos preparándonos en los grupos para esta misión?. ¿Sabemos en qué consiste esa nueva evangelización que se nos pide? Eso de la nueva evangelización , ¿es sólo para los jóvenes o se nos pide también a los mayores? El Papa dice en laicos cristianos: El Señor, como el dueño de la viña, llama a todas las edades de la vida (58)

  Los grupos deben ser:  

Escuela de formación espiritual. La formación espiritual no consiste en aprender muchas cosas , ni en la sola instrucción religiosa, ni se refiere solo a la oración y a las prácticas piadosas. La buena formación espiritual consiste ante todo en vivir auténticamente la doctrina evangélica sabiendo dar razones lógicas y creíbles de por qué  obramos como lo estamos haciendo .  

Escuela de apostolado. La espiritualidad y el apostolado son  la esencia de la vida cristiana. Decía Pablo VI que es impensable  que una persona  haya acogido la Palabra  y no se dedique a anunciarla y a dar testimonio  de la misma.. Vida Ascendente debe  “incitar a sus miembros  a compromisos concretos  tanto en el mundo como en la Iglesia” (Juan pablo II a Vida Ascendente  Internacional en Roma , en 1985).  

Escuela de amistad. La idea de desarrollar la amistad entre los grupos de laicos fue introducida por el Concilio Vaticano II como medio de fomentar la espiritualidad y el apostolado entre sus miembros: "Ayúdense unos a otros espiritualmente por medio de la amistad y la comunicación de experiencias porque mediante esto se preparan para producir frutos mayores en el apostolado" (Decreto sobre el apostolado de laicos, 1)

Además, no podemos olvidar que como cristianos tenemos como principal mandamiento el de amor, amor a Dios y al prójimo, y esto debemos practicarlo sobre todo con los miembros del mismo grupo, ya que esto nos servirá como escuela de aprendizaje para practicarlo con los demás.  

¿Cuantos miembros debe tener un grupo?

  La experiencia demuestra que el número de miembros más adecuado para permitir la confianza, la amistad y la buena comunicación entre todos los componentes está a entre diez y quince miembros.

En un número mayor de miembros parece imposible la intimi­dad y la participación de todos y cada uno de ellos, que es esencial para la vida del Grupo. La experiencia demuestra también que la reunión de un grupo numeroso suele transformarse en una charla del Animador, seguida de algunas breves intervenciones de los más decididos o habladores, mientras que la mayoría permanece silenciosa y pasiva. Por lo tanto, no hay vida de Grupo pro­piamente dicha.

Para las reuniones de los grupos parroquiales el lugar más conveniente es alguna dependencia de la Parroquia, pues así se expresa de alguna forma la vinculación con la comunidad parroquial. Si el Grupo es interparroquial puede reunirse en algún local que se brinde a acogerle.

Debe procurarse que el local sea de fácil acceso, que sea acogedor y que disponga de las comodidades más indispen­sables (luz, aseos, tamaño, etc.). También pueden reunirse en el domicilio particular de al­guno de los miembros, sobre todo de forma eventual si algu­no está enfermo o incapacitado temporalmente para despla­zarse. En este caso debe contarse con la aprobación expresa de toda la familia y de cada uno de los miembros del Grupo

  Forma y contenido de las reuniones de grupo.

  Vida Ascendente deja una gran libertad para que cada Gru­po; asesorado por el Consiliario y el Animador, decida la forma y contenido de sus reuniones que mejor les permita a los miembros progresar en el amor y entrega a Dios y al prójimo.

Igualmente, y por la misma razón, cada Grupo tiene plena libertad para elegir el tema de trabajo. Unos utilizan la Sagrada Escritura, otros los men­sajes del Papa, o de los Obispos, o algún artículo del Boletín o algún hecho de actualidad. Dentro de esta libertad para escoger los temas a tratar, se recomienda la utilización de los folletos edita­dos cada curso por la Comisión Permanente  o por su Comisión Diocesana. Las reuniones deben ser esencialmente una ocasión de reflexión y de intercambio sobre temas espirituales, o sobre acontecimientos o experiencias personales que afectan a la vida espiritual, al apostolado y al amor fraterno

 Es conveniente que todos los asistentes lleven preparado el tema a tratar en  la reunión para que ésta resulte provechosa para todos. A este fin , se fijaran con anticipación los temas a tratar en cada reunión.

       Las reuniones no deben quedar en un saber más cosas, sino que deben conducir a un vivir mejor la vida cristiana.

  Frecuencia de las reuniones

  En cuanto a la frecuencia de las reuniones no existe norma fija. Cada Grupo debe decidir su frecuencia en razón de sus propias circunstancias.

Al formarse un Grupo, si sus miembros no se conocían an­teriormente o se conocían muy poco, es conveniente reunir­se todas las semanas para hablar de si mismos,  de sus pro­blemas, preocupaciones personales o familiares y de por qué se han unido al Grupo, etc., con el fin de que se vayan consolidando la confianza y la amistad.

Más tarde, las reuniones pueden ser más espaciadas, pero como  mínimo deben ser mensuales.

Hay que tener en cuenta que el Grupo no debe vivir para sí mismo, sino para los demás. Si el Grupo se encierra en si mismo, caerá fácilmente en la rutina y  no será capaz de seguir manteniendo el interés de sus miembros, que pueden sentirse frustrados al no ver cumplidas las esperanzas que pusieron al decidir asistir a las reuniones.

 Un gran peligro de los Grupos es creer que, como miem­bros del Movimiento, basta con acudir puntualmente a las reuniones y vivir allí  lo que surja en el momento, y después regresar a la vida de siempre, una vez mantenido un rato de convivencia amable con unos amigos que comparten su fe. La vida de los miembros de Vida  Ascendente debe ser vivida en todo momento con responsabilidad de buen cristiano, sabiendo lo que tiene creer, lo que tiene obrar, lo que tiene que orar  y lo que tiene que recibir, y obrando en coherencia con eso. 

A veces, alguno de los miembros del Grupo pasa por mo­mentos de dificultad o tiene problemas personales o en el apostolado que realiza. En estos casos, el Grupo puede y debe reunirse con mayor frecuencia, para apoyarle y ayudarle a dis­cernir cual debe ser su conducta. Es decir, que cada Grupo debe decidir en cada momento, con toda libertad, la frecuen­cia de sus reuniones de acuerdo con sus necesidades.

El Grupo también debe mantener la relación con otros Grupos, tanto del propio Movimiento como de la propia parroquia, y cooperar con ellos cuando lo aconsejen las circunstancias.  Así mismo sus miembros no deben encerrarse en el grupo, debe asistir también si le es posible a conferencias, charlas, encuentros espirituales etc. organizados bien por su Comisión diocesana o bien por otros centros, a fin de mejorar su instrucción religiosa.

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