LOS MAYORES, UNA RESPONSABILIDAD ÉTICA  

Resumen de la conferencia  de Don José Román Flecha
Catedrático de  Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca

  Empieza diciendo que en la nueva sociedad postindustrial los padres y los abuelos ya no son quienes transmiten los conocimientos indispensables para la realización eficaz de los proyectos laborales y profesionales. Con frecuencia la formación profesional  de los jóvenes se sitúa en un más alto nivel que el de los mayores, y está más actualizada e inno­vadora, con lo que se hace más rentable para las estructuras de producción. En estos últimos tiempos se está hablando del miedo que los adultos experimentan hacia los medios informáticos. que los jóvenes manejan con soltura y agrado. A veces los  mayores. pueden sentirse como los nuevos analfabetos en el mundo de la informática.
Y lo que ocurre con los establecimientos y los programas de producción ocurre de forma paralela con los paradigmas de lide­razgo familiar, de prestigio social y de protagonismo político en el seno de la pequeña comunidad de pertenencia o en el ámbito supralocal. En su encíclica Centésimus annus el Papa Juan Pablo II  ha observado que. en nuestros días la rápida transformación de los medios de producción y de consumo devalúan inexorablemente ciertos conocimientos adquiridos con anterioridad. La renovación técnica exige una continua recalificación profesional. Los que no logran mantener el ritmo quedan marginados, como ocurre especialmente con los ancianos.
Estos  han ocupado durante milenios el centro de una serie de rituales familiares que parecían imprescindibles. Por un lado, eran el sujeto y la excusa para el encuentro de la familia extensa que se reunía en torno a ellos con motivo de la celebra­ción de determinadas solemnidades familiares o locales. Por otro lado, ejercían una función de armonización ante las diferencias que lentamente surgían entre los hijos. Ofrecían así a los nietos un modelo amable de existencia comprensiva y tolerante.
Hoy han cambiado muchas cosas. Las relaciones familiares ya no son como antes. Las relaciones entre los cónyuges son bastante diferentes en nuestro mundo de hoy, y también las relaciones con los hijos son bastante diferentes a como eran hasta hace bien poco. La autoridad ya no es la única fuente del conocimiento. Los hijos esperan ver en los padres más una oferta testimonial de modelos de conducta que la imposición de unos preceptos.
La aportación de los mayores a la sociedad y a la Iglesia  siempre ha sido necesaria y posible, pero la nueva conciencia adqui­rida en los últimos tiempos la hace especialmente necesaria, posible y urgente. El repensar de la fe y de la religión debido a los progresos de los nuevos conocimientos ha producido un notable desfase entre el papel educador de los abuelos y la cultura que sus nietos reciben, y todo esto nos lleva a una seria reflexión sobre el  momento por el que estamos atravesando. Repensar la fe implica repensar también la forma y el fondo de su transmisión.

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