LA CORRUPCIÓN EN ESPAÑA DESDE OTRO PUNTO DE VISTA
Opinión personal (Suplemento del Boletín núm. 159, Junuio 2016)

Todos los días vemos en los medios de comunicación noticias destacadas sobre la corrupción de los políticos por irregularidades en la administración de contratos, lo que en términos jurídicos se conoce como colusión, esto es, corrupción de los gobernantes por hacer pactos ocultos con los constructores para cobros de comisiones con el propósito de obtener beneficios ilícitos para ellos o sus partidos. No conozco a ningún partido, nuevo o viejo que haya tocado poder y que esté libre de algún tipo de corrupción. Viendo los medios de comunicación uno tiene la sensación de que la colusión es la corrupción más grave que tenemos en España, y desde luego es alarmante tanto por su extensión (son muchos los corruptos) como por su magnitud (también son muchos los miles de millones que han sido defraudados).  Pero la corrupción por el dinero no es la única que tenemos en este país, hay otras que son mucho más dañinas que ésta. 
La corrupción de la de la verdad es una de ellas. Se corrompe la verdad cuando se falsea la información. La información manipulada nos impide conocer la verdad, y el desconocimiento de ésta nos lleva necesariamente a tomar decisiones equivocadas. Los   humanos obramos con arreglo a nuestras convicciones, y éstas las formamos procesando la información que recibimos. Si nos transmiten una información falsa, nuestras decisiones y nuestros comportamientos basados en esa información no pueden ser los correctos. Falsear la información es falsear la verdad, y esta es la corrupción que más daño hace a las naciones y a las personas.  Causa preocupación, y hasta asco, ver la desvergüenza y el morro con que muchos de nuestros políticos mienten descaradamente a los votantes con el único fin de conseguir nuestros votos, sin pensar en el daño que nos hacen. Sólo piensan en su propio provecho. No olvidemos que los políticos que mienten para llegar al poder seguirán engañándonos cuando estén él para no perderlo.
Decía el escritor norteamericano Philip K. Dick, que el instrumento básico para manipular la realidad es la manipulación de la verdad mediante la palabra. Hay mil formas y maneras de manipular la verdad. Se manipula cuando se miente abiertamente, sea por ignorancia de quien da la información (y hoy hay mucha ignorancia entre nuestros políticos) o cuando se hace con la perversa intención de engañarnos para conseguir nuestro voto. Ejemplos de este tipo los vemos a diario en los mítines de los políticos y en los medios de comunicación cuando éstos son pagados por ideologías afines a un partido determinado
Otra forma perversa de manipular la verdad es interpretar de forma torticera los hechos o las palabras de los contrarios para desacreditarlos y provocar nuestro rechazo hacia ellos, o cuando se crean bulos que luego se hacen circular insistiendo machaconamente en recordarlos hasta que a base de repetirlos se convierten en una verdad creída, que no real.
Sobre esto de crear aversión hacia los contrarios desacreditándolos con informaciones manipuladas dice el politólogo Víctor Lapuente que a corto plazo esto le es rentable a los políticos, porque la ira motivada por el engaño mueve más que la reflexión. Y el filósofo José Antonio Marina abunda en esta idea diciendo que “cuando el contagio emocional prende en la masa social expulsa de ella el sentido común y la masa social deja de ser de fiar”. Repito: las masas sociales (las bases) dejan de ser de fiar cuando han sido manipuladas por la falsa información. ¡Y a éstas precisamente es a las que le piden sus jefes que respalden con su voto las decisiones que a ellos le intersan! Es sabido que los sentimientos mueven voluntades, y en manejar los sentimientos de las masas para excitarlas y hacer que voten visceralmente y no guiados por el sentido común basan sus campañas los populistas, y esa es la clave de sus éxitos.
Cristo dijo: la verdad os hará libres, y si la verdad nos hará libres, la mentira nos hará esclavos.  Hoy, dos mil años después, la Historia sigue dándole la razón a Cristo
Las bases no están preparadas para tomar decisiones sobre cuestiones de gobierno. El arte de gobernar requiere tener una información veraz y saber qué se puede hacer y qué no en el entorno en que hay que gobernar. Además de esto se necesitan conocimientos sobre la gestión de recursos para poder emplearlos bien. Ni las bases, ni muchos políticos (o lo que sean) de los que hoy están ocupando puestos de gobierno tienen esos conocimientos. Esperar que éstos puedan gobernar bien, aunque tenga muy buenas intenciones y estén limpios de corrupción es tanto como pedir peras al olmo. Poner incompetentes en los puestos de gobierno o de administración es otro tipo de corrupción, y no de las menos dañinas para los gobernados, y hacen tanto más daño cuanto más alto es el puesto que ocupan.
Estamos en tiempo de elecciones, y hoy no está en juego sólo nuestro porvenir económico, está también en juego el modelo ético de sociedad que queremos para nosotros y para nuestros hijos. No cometamos la ingenuidad de votar visceralmente escuchando los cantos de sirena de quienes nos ofrecen promesas utópicas imposibles de cumplir, o proponen soluciones sencillas para resolver casos complejos. Esto es indicio inequívoco de su mala fe o de su falta de aptitudes para gobernar. En campañas electorales pueden hacerse toda clase de promesas bonitas. El problema está cuando se accede al poder y se quiere cumplirlas y no hay recursos para hacerlo, o es imposible cumplirlas dentro del entorno en que hay que gobernar. Recuérdese lo que le pasó al gobierno hoy en funciones cuando llegó al poder y se encontró con el desastre del gobierno anterior, y lo que le pasó al gobierno “podemita” de Grecia cuando tuvo que acudir a la UE para acabar con el corralito, o lo que les ha pasado a los países rescatados por la UE como Portugal o Italia. Hacer promesas ignorando estas circunstancias es pura demagogia para engañar a los votantes.   
Dada la situación política que tenemos al día de hoy cuando empieza la campaña electoral parece que sólo hay dos opciones de un gobierno estable: o gobierno pilotado por el PP apoyado por Psoe y Ciudadanos, o gobierno del Psoe apoyado por Ciudadanos y Podemos.  En el primer caso tendrán que entrar en el poder los que han convivido con la corrupción, lo que no debería ser impedimento para que haya cambios en la política, porque al gobernar en coalición con otros partidos necesariamente tiene que haber pactos que hagan cambiar las políticas de cada partido. En el segundo caso, gobierno del Psoe con Podemos y Ciudadanos, tendrán que entrar en el poder los que están contra el sistema establecido, y que anuncian borrón y cuenta nueva de todas nuestras tradiciones y de nuestros valores sociales. Cuando hay que elegir entre dos males lo sensato es elegir el mal menor. Elegir el mayor es de tontos o de perversos.
Si elegimos mal, no nos quejemos. La culpa es nuestra y seremos nosotros, que no ellos, quienes paguemos las consecuencias. No caigamos en el error de huir de una corrupción mala para caer en otras peores como la de ser dirigidos por incompetentes o por políticos que quieren erradicar todas tradiciones y nuestros valores sociales, esos que nos han permitido estar muchos años entre los países más adelantados y con mayor bienestar económico.

Jesús Hernandez Criado
  

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