ENSEÑANZAS DE CRISTO SOBRE COMPORTAMIENTOS RELIGIOSOS

                Cristo vino a este mundo para enseñarnos con su palabra y su ejemplo de vida cual es el verdadero camino para ir a Dios. “Yo soy el camino...”  “Nadie va al Padre si no por el Hijo...” son expresiones que encontramos en los evangelios  En sus enseñanzas nos da una serie de recomendaciones sobre lo que debemos hacer como cristianos. El que cumple esas recomendaciones puede considerarse cristiano; los que deliberadamente las ignoran no pueden considerarse seguidores de Cristo por mucho que se llamen cristianos o que realicen  prácticas religiosas.

           De aquí deducimos que la primera condición de todo cristiano es conocer la doctrina de Cristo, y luego seguirla en su vida. Si alguien quisiera cumplir dicha doctrina  sin conocerla  no podría hacerlo, y si la conoce y no la cumple no puede decir que es buen cristiano.   Otra cosa es cómo juzgue Dios nuestras obras,  donde además de lo que hacemos hay que tener en cuenta las circunstancias que nos llevan a obrar así  y nuestra intencionalidad.

 ¿Qué es lo que enseña la doctrina de Cristo? 

1 .- Cristo nos dice que tenemos que creer. Podríamos decir que esta  es la primera recomendación seria que Cristo nos hace, y la hace con palabras muy duras: El que  no cree, ya está juzgado” (Jn 3,18), o el que no crea se condenará” (Mc 16,16), o  El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanecerá sobre él”. (Jn 3,36)?

 ¿Por qué tanta dureza?  Porque sin creer en Dios no podemos hacer nada relacionado con Él. El simple hecho de no creer o de no buscar la fe ya es un desprecio hacia  Dios

¿Pero podemos creer si no nos convence lo que vemos o lo que sabemos? La fe es algo que Dios da, y es de suponer, por lógica, que no se la niegue a quien la pida, y por la misma lógica, y respetando la libertad del hombre , cabe suponer también que se la niegue a quien voluntariamente la rechace. ¿Que hacer ante este problema? Un buen consejo puede ser este: ¿Dudas? Sigue buscando la verdad. Vale mas vivir buscando la verdad que morir en el error.

¿Y qué  es lo que tenemos que creer según  Cristo? La Iglesia  ha resumido las creencias de los cristianos en el credo: 

  1. a)      Tenemos que creer que hay un sólo Dios formado por tres personas: El Padre, (al que se dirige Cristo cuando reza); el Hijo que es él,  y Espíritu Santo, que es el soplo que envió a los apóstoles el  día de Pentecostés.   
  2. b)    Tenemos que creer que ese Dios es el creador de todo lo que existe. Así lo reveló Cristo en todas sus enseñanzas.

            c)      Tenemos que creer que Jesucristo es el Mesías anunciado en el Antiguo     Testamento. Así lo reconoció él mismo cuando Pedro le dice  :“ Tu eres el Cristo” (MC 8,27) y cuando el Sumo  Sacerdote le pregunta en el Sanedrín si él es Cristo, el Hijo Bendito, y Jesús contestó con toda claridad: “Sí , yo soy” (Mc 14,61)

  1. d)    Tenemos que creer que existe otra vida después de esta, porque  eso es lo él nos enseñó,  y eso es lo que probó con su resurrección.   
  2. e)     Tenemos que creer que hay cielo y que hay infierno  como premio o castigo de nuestras obras, porque así lo reveló en sus enseñanzas.
  3. f)       Finalmente tenemos que creer en la Santa Madre Iglesia , en la comunión de los santos y en el perdón  de los pecados, porque también esto se deduce de sus enseñanzas.

Si creemos que Cristo es el Hijo de Dios, -más adelante veremos por qué creer que Cristo es el Hijo de Dios- basta este solo titulo para justificar por qué creer en su palabra.

  1. 2       Cristo nos enseña  que tenemos que amar a Dios y al Prójimo.

            Después de creer en todas estas cosas vienen las obras, y lo primero que nos mandan hacer es  amar a Dios sobre todas las cosas. Este es el primero y principal mandamiento de la Ley de Dios.

 ¿Cómo tenemos que amar a Dios y al prójimo? Cristo  nos lo explica muy bien en los evangelios. Esto es lo que dice:

“Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien. Bendecid a los os maldigan, rogad por los que os difamen. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacérselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman ¿que mérito tenéis? También los pecadores aman a los que le aman. Haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis Hijos del Altísimo, porque El es bueno también con los ingratos y perversos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados. Con la medida que midáis se os medirá .(Lc 6,27)

San Agustín, hablando del amor decía: "El amor a Dios es el primero en la jerarquía del precepto, pero el amor al prójimo es primero  en el rango de acción".

 3   Cristo nos manda guardar todos los mandamientos de la Ley de Dios

 En San Mateo 19,16 y siguientes leemos: 

“En esto se le acercó uno y le dijo: Maestro, qué he de hacer de bueno para conservar la vida eterna?. Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos ¿Cuáles?  No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás al prójimo como a ti mismo”. 

 Observamos que aquí  no dice nada de amar a Dios, y sí habla del amor al prójimo. ¿Quiere decir eso que el amor a Dios es secundario? Sigamos  leyendo a Mateo y veremos que en 22,36 como un fariseo pregunta a Jesús:  ¿Cual es el mandamiento mayor de la Ley? y Jesús le responde:

 “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamiento pende toda la Ley y los Profetas”

 Hablando de los mandamientos no podemos olvidarnos de sexto, caballo de batalla de muchas discusiones.   

Hace poco tiempo daba la impresión que sólo había que guardar el sexto, mientras que hoy da la impresión que éste mandamiento no importa. Ni lo uno ni lo otro. Tal vez nos venga bien recordar aquello que dijo San Pablo a los Corintios (Primera 6,12) referente a esto: “Todo me es lícito, más no todo me conviene”. ¿Qué es lo que nos es lícito y qué lo que no nos conviene en esta espinosa materia? Pienso que hoy mucha gente, especialmente jóvenes y personas de mediana edad, se apartan de la  doctrina de la Iglesia por su política con los  anticonceptivos. Puede que lo que la Iglesia sostiene no sea lo que más nos apetece, pero debemos analizar si es eso lo que más nos conviene. Creo que en este tema falta información precisa a los cristianos, no porque la Iglesia no la haya dado, sino tal vez porque no la haya difundido bien, y porque la parte contraria se ha dedicado a intoxicar la información para obtener beneficios propios, tanto en dinero como en poder.

   Cristo nos aconseja rezar sin desmayo y confiadamente

La oración viene a ser al alma lo que la comida al cuerpo. Podemos y debemos alimentarnos  de varias formas, pero tenemos que alimentarnos, porque si no lo hacemos terminamos muriendo. Igual le pasa al espíritu, podemos y debemos rezar de diversas formas,-oral, meditación, en silencio, en privado, en publico etc.- para que el espíritu se nutra de todo cuanto necesita porque de contrario crecerá enfermizo o terminará muriendo.

Por esto Cristo destaca varias veces en los Evangelios  la necesidad de orar, y nos asegura que el pide recibe: En Lucas, (11,9),  leemos:

 “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla y al que llama se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez le da una culebra, o si le pide un huevo le da un escorpión?. Si pues vosotros siendo malos sabéis dar cosas buenas a vuestro hijos ¡cuanto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan”.

¿Pero es verdad que escucha Dios nuestras oraciones? Yo confieso que muchas veces he dudado de que esta afirmación fuera verdad, pero después de muchos años de vida tengo que reconocer que he llegado a la convicción de que lo que dice Cristo es verdad. Cierto que a veces tardamos en ver la respuesta de Dios, y que otras veces la respuesta no viene por donde la esperamos sino que nos sorprende con algo mejor y distinto a los que pedimos. También creo que es cierto, porque parece racional,  que Dios no concede todo lo que pedimos, sino aquello que le pidamos y sea para nuestro bien o el bien de alguien. No puede conceder, aunque se lo pidamos con toda el alma, algo que sea para nuestro mal o que haga mal a alguien según la sabiduría  divina .

Esa experiencia de la oración no escuchada probablemente la tuvo también Cristo en el huerto de Getsemaní cuando suplicaba al Padre que si era posible pasara de él aquel cáliz

Abbá, Padre, -decía su oración- todo es posible para ti; aparta de mi esta copa; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieras tu. (Lc 11,9)

 Y el Padre parece que hizo oídos sordos a la petición del Hijo, porque el cáliz no pasó de él, sino que tuvo que beberlo hasta morir. No es de extrañar que Jesús, clavado en la cruz, lanzara aquel lamento desgarrador:

   Elí, Elí, lamma sabacthaní, que quiere  decir: Dios mío,¿ por que me has abandonado?  (Mt 27,46)

¿No escuchó Dios la oración de su Hijo? Visto humanamente eso es lo que parece, pero bien pensado no fue así: Dios, respetando  su compromiso de libertad para con todos hombres no pudo impedir que éstos lo crucificaran, pero atendiendo la suplica del Hijo le dio la más alta recompensa que podía darle en el cielo. El tormento pasó, pero la gloria que Dios le ha dado permanecerá para siempre. Así es como atiende Dios nuestras oraciones, dándonos siempre más y mejor que lo que le pedimos 

¿Y cómo hemos de rezar? Esta es la respuesta de Cristo:

No charléis mucho, como gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. Vosotros, pues, orad así:

Padre nuestro que estás en los cielos ...

 5   Cristo nos manda celebrar la eucaristía

 La misa –la eucaristía- es una de las obligaciones que hoy se ponen en tela de juicio por muchos. Aquí si que está extendida la idea de que esto es un invento de los curas. La forma de celebrar la misa los católicos  sí es invento de la Iglesia Católica, pero la obligación de oír misa es un mandato expreso de Cristo para todos sus seguidores. ¿Por qué? Porque es  en la misa, al comulgar, cuando más cerca podemos estar de Él, y Él de nosotros. La misa es la mayor oportunidad que Dios nos da para “recargar las pilas” de la fe: en ella rezamos, escuchamos la Palabra y nos unimos a Cristo y a los demás hermanos por medio de la comunión.

            La Iglesia católica ha determinado que la eucaristía se celebre todos los días, pero que al menos un día a la semana, el domingo, sea obligatorio para todos los católicos asistir a ella, y esto no por capricho, sino para cumplir el precepto que Dios dio a Moisés de que se le dedicase un día a la semana.  Los judíos le dedican el sábado, que fue el día mandado por el Señor a Moisés,  los cristianos lo hacemos el domingo, como recuerdo a la resurrección de Cristo, y los musulmanes el viernes. Las tres religiones conservan el espíritu de la Ley del Señor, aunque lo celebran de distinta forma. Todo creyente, de cualquier religión, tiene obligación de dar culto y adoración a su Dios, de rezarle, y de  instruirse en sus creencias religiosas para saber qué es lo que tiene que creer y  lo que tiene que hacer.

.¿Es obligatorio oír  misa los domingos? La Iglesia Católica así lo ha establecido para sus fieles, porque en la misa es donde cumplimos con las obligaciones de instruirnos, de alabar a Dios y de darle culto y de hacer esto en memoria de Cristo.

 6   Id y anunciad  el Evangelio

 Este es el  mandato que Cristo nos dio después de su resurrección. San Marcos lo dice así:

     “Los once discípulos marcharon a Galilea -Cristo le había dicho a las mujeres que le dijeran a sus hermanos que fueran Galilea- al monte que Jesús le había indicado y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: Me ha sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos  a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”

 Este mandato no puede ser entendido que fue  sólo  para los apóstoles, ni solo para los curas, sino para todos sus discípulos, y todos los bautizados somos discípulos de Cristo.

 a)  Qué tenemos que enseñar? Todos los cristianos estamos obligados         moralmente a transmitir lo que Cristo  enseñó a los apóstoles. ¿Y que fue lo que enseñó? Entre otras cosas, todos los mandatos que venimos comentado: Creer en Dios y en         Jesucristo,  amar a Dios y al prójimo,  rezar, guardar los mandamientos, ir a misa...           En esto consiste transmitir la fe, no en transmitir rezos, oraciones o ritos y costumbres caducas justificándolo diciendo que esto es  lo que nos enseñaron nuestros padres. Cristo nos mandó transmitir lo que él. enseñó, no lo que nos transmitieron a nosotros nuestros educadores o nuestros mayores. Cada época ha tenido sus formas de interpretar las Escrituras para hacerlas  útiles a la sociedad de cada momento,. La Iglesia es la que tiene autoridad para hacer estas interpretaciones. Esto nos obliga a actualizarnos constantemente en la fe para seguir el ritmo de los tiempos

b)      ¿A  quien tenemos que transmitir la fe?.

    Tratándose de miembros de Vida Ascendente tenemos transmitir la fe preferentemente a los mayores, pero éstos generalmente aquí en España ya conocen la fe  de Cristo, aunque muchos la practican mas por tradición que por asentimiento racional. La conocen más por el corazón que por la razón. A estos deberemos darles razones para creer, a fin de que cabeza y corazón vayan por el mismo camino. La fe no razonada lleva consigo la partida de defunción. Antes o después terminará desapareciendo.

Aparte del grupo anterior hoy tenemos que transmitir también la fe  a una masa de  hombres que no sienten la necesidad de Dios ni de la Iglesia, y que no frecuentan los lugares donde se enseña la fe. Vivimos en una sociedad racionalista  y hedonista donde lo que impera es el deseo de disfrute  aquí y ahora, sin pensar en el maña. A esto hay que añadir que es una sociedad donde lo que cuenta es lo  material, y se pasa olímpicamente de lo espiritual. Hoy la sociedad española es una masa de bautizados que no practican, y no lo hacen –ésta es una opinión personal- porque falta reflexión sobre las preguntas fundamentales del ser racional: ¿ Por que existimos? ¿Para que estamos en esta vida? Se pasa de esto como si sólo existiera el hoy, despreciando el mañana, ese mañana , más o menos cercano,  al que todos sin excepción tenemos que llegar y del que ninguno  pasaremos.

 c)     ¿Cómo tenemos que anunciar el Evangelio? 

  Las únicas formas de enseñarlo es como lo hicieron los apóstoles, con la palabra y con el testimonio de vida.

Para lo primero se requiere preparación. Los apóstoles estuvieron tres años preparándose con Cristo, y todavía necesitaron la venida del Espíritu Santo. Para lo segundo necesitamos vivir conforme a lo que predicamos con la palabra. Es evidente que los seglares no podemos ir echando sermones por las calles, ni atosigando a la gente con nuestras ideas. La fe no se impone, simplemente se propone, pero necesitamos preparación para proponerla  de forma que sea creíble en esta sociedad de hoy con los conocimiento que hoy hay en ella.

 Respecto al testimonio de vida, éste debe ser de auténtico cristiano, es decir, de una persona que conoce la doctrina de Cristo, que  la puede explicar razonablemente bien y que la vive con todas sus consecuencias sin avergonzarse por  ello.

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