CRISTO Y SU EPOCA    

 

Seguro que todos hemos oído  hablar muchas veces de  Cristo, ¿pero qué sabemos de él? La mayor parte de quienes fuimos educados en escuelas católicas por los años 50,  nos creemos que por este solo hecho ya sabemos todo sobre Cristo  y su Iglesia, y la verdad es que nos enseñaron bien poco y con muchas deficiencias.   Se nos dijo muy poco de que algunos antepasados de Cristo habían sido grandes pecadores, que por sus venas corría también sangre que no era judía.  San Mateo al hacer su genealogía podía haber nombrado mujeres como Sara, Rebeca o Raquel, antepasados de Cristo, pero nombra a Tamar, que se disfrazó de ramera  para seducir a su suegro Judá, del cual engendró a Farés y Zara en aquella relación ilícita, nombrando luego a Farés como otro de los antepasados de Jesús. En esta genealogía cita también  una mujer llamada Rahab, que es cananea, y por tanto pagana,  no judía. Ella es la madre Booz, quien  se casó con Rut. Rut es la bisabuela del Rey David, y es moabita, o sea, que tampoco  es judía. Del Rey David sabemos que fue un gran pecador, enviando a la muerte a Urías porque había cohabitado con su mujer y esperaba un hijo de ella. Mas tarde se casó con ella y tuvo varios hijos, entre ellos a Salomón, a quien Mateo nombra en la genealogía de Jesús ocultando así el nombre de Betsabé madre adultera de Salomón   

   Por todo esto podríamos pensar que Jesús no es hijo solamente  del pueblo escogido, ni solo descendiente de santos, también  sus antepasados pecaron como cualquier mortal. Jesús es así un exponente fiel de la raza humana, no soó del pueblo judío.    Cristo es  misterio desde  antes de nacer, lo es su nacimiento, lo es en su vida pública,  lo es su muerte, y lo es sobre todo después de su muerte con su resurrección.    

Ese hombre en el que todo resulta misterioso, es el fundador del cristianismo, y al que tenemos por Dios. ¿Lo es? ¿Lo conocemos bien los cristianos? Mas bien lo conocemos poco, aunque  hayamos hablado mucho sobre él. Ya nos dice él mismo  en los Evangelios  que “Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar” (Mateo, 11, 27)     

De Cristo sabemos que nació en Belén de Judá, que vivió en Nazaret, y que por eso algunos lo llaman el nazareno. A la edad de unos 30 años dejó la casa paterna y se fue a predicar preferentemente a Galilea, donde le seguía mucha gente porque hacía grandes prodigios a la vista de todos -principalmente hacía curaciones portentosas- y hablaba con autoridad sobre las Escrituras y sobre Dios. ¿De donde le venía aquel conocimiento de la Escrituras si él no tenia estudios? Como hemos dicho vivía en Nazaret,  pequeño pueblo donde no sabemos si habría alguna pequeña sinagoga, a la que probablemente asistiría  la familia con regularidad.  No muy lejos de Nazaret  estaba la ciudad de Cesara, a unos cinco kilómetros, una hora de camino andando. Probablemente San José y Jesús irían a trabajar allí algunas veces, pues en el pequeño pueblo es de suponer que no hubiera mucho trabajo. Estos viajes pudieron hacer que Jesús entrase en contacto con personas más preparadas  en las Escrituras y quizá de aquí podía provenir parte de su preparación.Siguiendo con las predicaciones de Jesús, sabemos que eran itinerantes, y que en ellas   se hacía acompañar por un grupo de amigos leales,  conocidos hoy como  los doce apóstoles, amén de un grupo de mujeres que también le acompañaban siempre en estos viajes apostólicos.  

Después de unos tres años dedicado a predicar una doctrina nueva basada en la  religión judía, pero con una nueva forma de interpretarla, las autoridades religiosas judías decidieron prenderle acusándolo de blasfemo porque según ellos predicaba  cosas contrarias a la Ley de Moisés. Ante los tribunales romanos lo acusaron de ir contra el Cesar porque decía que era Rey, y pidieron su  crucifixión, cosa a la accedieron los romanos, siendo crucificado por orden de Poncio Pilato a la vista de todo el pueblo la víspera de la Pascua Judía. Todas estas cosas están suficientemente documentadas no sólo  con las fuentes cristianas, sino también con las fuentes rabínicas y con las pocas citas históricas que tenemos de los historiadores romanos de la época. De José Antonio Pagola tomamos estas citas que demuestran que la existencia de Jesús Nazareno, el Cristo crucificado por Poncio Pilato, no es un Cristo formado por una leyenda,  sino una realidad de carne y hueso que vivió en una época concreta de la historia, y que durante su vida hizo milagros según las fuentes cristianas, brujerías según las fuentes rabínica y hechos portentosos segun los historiadores romanos.  

¿Es este hombre el Hijo de Dios?

Tenemos testimonios escritos  que no dejan lugar a duda sobre esto. Simeón y Ana anunciaron en la presentación del Templo  que aquel Niño era el Mesías esperado.  Como Hijo de Dios lo anunció  Juan el Bautista, cuyo testimonio nos ha sido narrado por Juan Evangelista,  1,29-34, de la siguiente forma: "En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo dije: Tras de mi viene el hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. Y Juan dio testimonio diciendo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el me envió a bautizar con agua dijo: "Aquel sobre el que veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios".San Pablo lo anuncio como Hijos de Dios desde que se encontró con él en el Camino de Damasco.Cuando Cristo pregunto a los apóstoles quien creían que era él, San Pedro dijo: "Tu eres Cristo, el Hijo de Dios vivo" aceptó esa respuesta como revelada por Dios. Y todos los apóstoles después de verlo resucitado anunciaron hasta su muerte que Cristo era el Hijo de Dios. Si se acepta que los evangelios son verídicos no puede quedar ninguna duda de que este hombre es también el Hijo de Dios. 

Fuentes rabínicas: En el Talmud se habla de Jesús en una docena de pasajes. Se le llama Yeshú o se le designa despectivamente como Ben Pandira o Ben Pantera, sugiriendo que es hijo ilegítimo de un soldado romano que violó a María. La imagen que dibujan de Jesús se puede resumir así: «Practicó la bruje­ría» (hizo milagros); se burló de las palabras de los «sabios» (los maestros de la ley); expuso las Escrituras corno los fariseos; tuvo cinco discípulos; «desvió a Israel» de su camino; «fue colgado» (crucificado) como falso profeta y seductor la víspera de una fiesta de Pascua. Esta imagen hostil encaja, sin embargo, en lo esencial con los datos evangélico y hechos asombrosos según el historiador Flavio Josefo.

 Fuentes históricas de la época.  Los escritos del historiador romano  Flavio Josefo son analizados por los investigadores mo­dernos con mayor rigor crítico que en tiempos pasados. Jo­sefo menciona a Jesús en dos ocasiones. Al hablar de la lapidación de Santiago en Jerusalén el año 62, dice que es «hermano de Jesús, llamado Cristo». El testimonio más importante, una vez suprimidos los retoques añadidos por copistas cristianos de la Edad Media, dice así: «En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio. Fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. Y, cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los hombres principales de entre nosotros, lo condenó a la cruz, los que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo. Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido» (Antigüedades de los judíos 18, 3, 3).

 El historiador Tácito (50-120), el escritor Suetonio (hacia el 120) y Plinio el Joven (61-120), legado del emperador Trajano en Bitinia, ofrecen breves datos sobre Jesús. Sus referencias tienen un valor documental importante, pues son observadores neutrales e incluso hostiles al movimiento cristiano. No dudan en ningún momento de la existencia de Jesús. Ofrecen de él una imagen esquemática: Jesús es oriundo de Judea, ha sido ejecutado bajo Tiberio por el gobernador Poncio Pilato y, en el momento en que escriben, es venerado por sus seguidores «como un dios». Los datos se compaginan plenamente con lo que dicen las fuentes cristianas. Si según los datos precedentes  resulta misteriosa la vida de este hombre, tanto por lo que hacia como por lo que decía, mucho más misterioso es todo lo que nos cuentan sus amigos los apóstoles  a partir de su muerte en la cruz.      

Estos nos cuentan que ellos, y muchos más,  lo vieron resucitado después de haber estado  enterrado tres días y que hablaron y comieron con él en diversas ocasiones. Cuentan también que a veces no lo reconocían en el momento de la aparición, porque se le aparecía con rostro  diferente al que tenía en vida. Este es el caso de la aparición a María Magdalena, quien pensó que era el encargado del huerto donde estaba el sepulcro, o el caso de los discípulos de  Emaús  que caminaron charlando con él sin conocerle hasta que se sentaron a cenar. Algunas de estas apariciones tuvieron lugar cuando los apóstoles estaban reunidos en locales con las puertas cerradas por miedo a las autoridades judías, y Jesús se aparecía y desaparecía sin que nada se lo impidiese. Si todo esto es cierto, y los primeros cristianos así lo creyeron, y los apóstoles dieron su vida por afirmar que lo era, Cristo viene a probarnos con su resurrección dos cosas: Primera que existe un Dios que resucita los muertos, ¿quién sino lo resucitó a él? Un muerto no puede resucitarse a si mismo. Y segundo, que hay otra vida después de esta, y que esa otra vida es completamente diferente a esta.   

Si Cristo hizo muchos milagros o prodigios en su vida mortal y si murió y resucitó, y volvió a este mundo para contarlo,  es que en Cristo hay algo que no hay en los demás mortales,  porque no se sabe que en ningún otro se hayan dado esas circunstancias.    ¿Es cierto que en Jesucristo se han dado estas circunstancias? Quienes lo presenciaron han dado su vida por afirmar que es verdad, sin obtener ningún beneficio material a cambio, y, o todos éstos eran tontos,  o estaban locos,   o sufrían algún tipo de enajenación mental, o es que realmente vieron todo eso y tuvieron el valor de mantener la verdad aún a costa de su propia vida.  Yo, después de haber buscado información sobre esto,  estoy convencido de que lo de su resurrección es verdad por más inverosímil que pueda parecer. Los comportamientos de los apóstoles y los acontecimientos acaecidos después de la resurrección parecen avalar esta hipótesis.  

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