DEFENDAMOS NUESTROS PRINCIPIOS CRISTIANOS.
Preparémonos bien para defender nuestras creencias religiosas dentro del estado aconfesional que tenemos. Lo vamos a necesitar. Los nuevos tiempos en España  no auguran nada bueno  para nuestra religión. Cada vez se prodigan más en boca de los políticos y en los medios de comunicación falacias y mentiras  cuyo propósito es desprestigiar a nuestra Iglesia, a veces con el propósito de obtener algún lucro personal de ello, poder político, prestigio social, hacer daño al contrario… y otras, pienso yo, por pura ignorancia. Hoy se acusa la Iglesia de ser una institución obsoleta, que  hace daño a la sociedad, que impide el progreso y que disfruta  de unos privilegios que un Estado laico como el nuestro no  puede consentir. 
¿Es laico el actual Estado Español? No. La forma que nos hemos dado en la Constitución es de Estado aconfesional, no laico. La Constitución dice: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones” (artículo 16, punto 3). Queda claro que según la Constitución el Estado tiene la obligación de cooperar con la Iglesia Católica. ¿Por qué la Constitución hace esta mención especial a la  Iglesia católica? Porque ésta  es la  de la mayoría de los españoles, y además porque es la que más aporta al Estado, y éste,  en justa reciprocidad, no por gracia de ningún político, tiene la obligación de cooperar  con ella.
La Iglesia Católica coopera con en el Estado en el campo de la educación: Atiende a  6.041 centros con más de  1.370.000 alumnos. Por cada alumno que va a un centro concertado el Estado paga casi 400 euros menos que por cada alumno que va a un centro público, con lo que los colegios concertados, esos que quieren quitar algunos iluminados de la izquierda, le ahorran al Estado 4.148 millones de euros al año.
En el campo asistencial: La Iglesia sostiene 4.459 centros asistenciales entre hospitales para pobres, ambulatorios, centros de reeducación para marginados sociales, asilos, Residencias de ancianos, etc. etc. y a esto hay que añadir sus ONGs de Cáritas y Manos Unidas. Si la Iglesia dejase de atender a estas necesidades sociales, el Estado tendría que hacerse cargo de ellas si no quiere dejar en la calle a estos marginados sociales.  
Conservación del patrimonio cultural: Sólo el mantenimiento de los templos le cuesta a la Iglesia unos 50 millones de euros al año, y el Estado y la sociedad se benefician de todos los ingresos indirectos que esto genera por el turismo cultural. Solo la semana Santa genera en España cientos de millones de ingresos para el Estado y a la sociedad.
Balance final. Algunos expertos dicen que echando cuentas entre lo que aporta la Iglesia al Estado y lo que ésta recibe de él,  resulta un  saldo favorable para el Estado de más de 35 millones de Euros al año. ¡Y los iluminados de la izquierda que nos quieren gobernar sin enterarse de estas cosas! ¿O  sí lo saben y a pesar de ello lo niegan?
Pero con todo esto, el beneficio más importante que la Iglesia viene aportando desde siglos al Estado y a  la sociedad no es el dinero. Lo que la sociedad y el Estado deben a la Iglesia de Cristo es  su cultura universal. Nuestra cultura Occidental, nuestra forma de vivir y de pensar, y hasta la Carta de los derechos humanos hunden sus raíces en los principios cristianos. Mucho antes de que los políticos proclamasen en Francia aquel grito de  libertad, igualdad y fraternidad  ya lo había proclamado Cristo: Buscad la verdad porque la verdad os hará  libres; no sólo proclamó la libertad sino que dijo también como conseguirla.  Respecto a la igualdad y la fraternidad, Cristo y la Iglesia enseñan que todas las personas somos hijas del mismo Padre,  luego todos somos hermanos, y como tales todos  tenemos la misma dignidad y debemos ayudarnos unos a otros. Nuestra cultura Occidental basada en los principios cristianos es de las más avanzadas del mundo y tenemos motivos para estar orgullosos de ella.  ¿A qué viene ahora tanto empeño en erradicar estos  principios cristianos de nuestra sociedad?   Jesús Hernández Criado

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