MISERICORDIA, COMPASION, AMOR, GRACIA DE DIOS…

           A veces tomamos estas palabras como si tuvieran el mismo significado, pero  hay matices importantes que las diferencian. Respecto a compasión y misericordia  dice el Papa Francisco  en su libro  El Nombre de Dios es Misericordia,  que la Misericordia divina  tiene que ver con el perdón de nuestros pecados, mientras que la compasión tiene que ver con el rostro humano. Misericordia de Dios, según eso,  es el acto por el cual Dios perdona nuestros pecados cuando se lo pedimos arrepentidos, y compasión es el acto por el cual nosotros nos compadecemos del otro y queremos remediar su situación.   
Santo Tomas de Aquino dice  en  Suma Teológica  que “la caridad, que es amor, es el deseo del bien del otro”. Tal vez mejor que entrar en definiciones sea poner algunos ejemplos para observar sus diferencias.
Ejemplo 1. A un  rico le presentan sus empleados un chiquillo que estaba robando en sus almacenes porque tenía hambre. Los empleados preguntan  al dueño que si lo sueltan o lo entregan a justicia. El dueño se compadeció del chico, lo perdonó, le dio de comer  y lo dejó libre. Hubo compasión, misericordia y caridad, pero ¿hubo amor? El amor, ¿no le habría llevado a  hacer algo  más por él?
Ejemplo 2.- Supongamos ahora  que ese rico además de perdonarle y de darle de comer lo emplea en su empresa, y que más  tarde viendo sus buenos comportamientos lo sigue protegiendo,  naciendo así entre ellos, primero un  afecto mutuo,  y después un verdadero amor, paterno por parte del protector y  filial por parte del protegido que quería complacer en todo a su protector para demostrarle su agradecimiento.
Yo pienso que el amor incluye  la compasión,  la caridad y la misericordia, mientras que estos sentimientos por sí solos  no llevan implícito el amor, sino la compasión.  Dios es mucho más que compasivo y misericordioso con nosotros. Nos ama, y porque nos ama  envió su hijo a este mundo para que nos revelara su amor, a fin de que conociendo nosotros ese  amor le amásemos también en justa correspondencia.
Si nosotros nos atrevemos a pedir su ayuda, Dios nos la dará, y estaremos en el camino de entablar relaciones con Él, de conocerlo mejor  y de llegar a descubrir  su  amor, y  con su amor llegará su gracia, que es el mayor bien que podemos disfrutar en esta vida, porque ella engendra paz y la alegría de vivir.
Una última reflexión. ¿Pueden los ateos ser  compasivos y misericordiosos, y sentir amor al prójimo? Si los no cristianos también hacen esto  –y  es un hecho cierto que lo hacen- a lo mejor es  que el fundamento del cristianismo no está en nuestro comportamiento con el prójimo sino en nuestro comportamiento con Dios. La caridad en los cristianos, además de ser un sentimiento humano,  es una obligación impuesta por Dios para nuestro bien,  y nosotros, que queremos complacerlo, amamos al prójimo por Él, y por eso somos caritativos y misericordiosos  con el prójimo. Tal vez ser cristianos hoy sea  ser capaces de confesar que  Dios existe,  que  Cristo  es el Hijo de  Dios, y atreverse a practicar todas sus enseñanzas, que obligan a ser caritativos, pero también a otras muchas cosas que a veces dejamos de cumplir.  Jesús Hernández Criado

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