PREPAREMOS BIEN NUESTRO EXAMEN  FINAL

Érase una vez un estudiante que obtenía siempre muy buenas notas en todos sus exámenes, y estaba ansioso por pasar a la Universidad. Para acceder a ella tenía que hacer un  examen que consistía  en contestar a la pregunta de si existe Dios o no existe,  y sólo  podía contestar  con una de estas tres opciones: Sí existe; no; existe,  o no podernos saber si existe o no. Para más facilidades la Universidad le daba opción a presentarse tres veces con la misma pregunta. El estudiante se dijo: Este aprobado está seguro, porque si no acierto la primera vez, acertaré la segunda, y si no la tercera. Y con estas seguridades se desentendió del examen y se dedicó a divertirse.
Cuando llegó el examen,  la primera vez contestó diciendo que Dios existe,  y lo suspendieron; la segunda dijo que no podemos saber si existe o no, y volvió a suspender, y la  tercera vez  dijo que Dios no existe  y volvieron  a suspenderlo.
¿En qué estaba  fallando este estudiante?
Todos los que hemos vivido el  mundillo de los exámenes  sabemos  lo importante que es saber cómo piensa el que nos va calificar,  porque es casi seguro que va a suspender a los que no opinen como él. En el caso que comentamos, éste  estudiante  falló en enterarse de quienes eran los  profesores que iban a calificar  sus exámenes. En el primer examen el profesor era un ateo que enseñaba que Dios no existe,  y el estudiante dijo que sí existe. La segunda vez dijo que no podemos saber si existe o no, y el  examen lo calificó  un creyente convencido de que Dios existe. Y la tercera vez, cuando dijo que  Dios no existe, le tocó calificar el examen a  un agnóstico, que como todos sabemos  sostienen que no podemos saber si existe  o no. Aprobar un examen no depende solo de lo que pensemos nosotros, cuenta, y mucho, lo que piense en examinador.
Bueno, ¿y qué tenemos que ver nosotros, ya mayorcitos,  con los exámenes? Tenemos mucho que ver con eso, porque aún nos falta el examen más importante de todos, ese que si nos aprueban aprobamos todo, y  si nos suspenden lo perdemos todo.
Ocupémonos de conocer qué enseña el que  nos va a calificar en ese examen tan importante para acertar con nuestra respuesta buena. Nos va a examinar  Cristo; si queremos aprobar no nos queda más remedio que estudiar “sus textos” y vivir de acuerdo con ellos, porque la pregunta clave va a ser  si hemos vivido de acuerdo con lo que Él ha enseñado. La  respuesta que tenemos que dar no es sí o no; tendremos que presentar lo que hemos hecho en toda nuestra vida, y Cristo  nos aprobará si hemos guardado sus mandatos, y nos suspenderá en caso contrario. Y no nos valdrá decirle que no hemos conocido sus enseñanzas; él dio su vida por enseñarnos el camino de la salvación. Si no lo hemos seguido porque no nos hemos preocupado de conocer la verdad, además de ser culpables de nuestra ignorancia hemos cometido un pecado de desprecio a Cristo, y no parece que esto sea una  buena recomendación para que Él nos apruebe. Estamos a tiempo. Si queremos aprobar este examen tenemos que estudiar los textos de quien nos va a examinar, y vivir conforme a ellos. No lo fiemos a las teorías de quienes no van a intervenir en nuestro examen.
Jesús Hernández Criado

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