TEMA I : QUÉ SOMOS LOS HOMBRES

Por Jesús Hernandez

NOTA: Este articulo fue publicado en el Boletin de Vida Ascendente de Salamanca en el mes de Octubre, número 160

Los hombres somos seres limitados, tan limitados que no sabemos ni qué somos ni que pintamos en esta vida. Aquí nos han puesto y aquí estamos, y nos pasamos la vida discutiendo si somos solo un conjunto de reacciones químicas como dicen algunos o si somos cuerpo y alma como dicen otros, y no llegamos a ponernos de acuerdo, a pesar de todos los adelantos de la ciencia y del interés que todos tenemos en saber qué somos. En realidad, somos un misterio para nosotros mismos. No sabemos cuál es nuestro origen, ni cuál será muestro destino final. Discutimos si tenemos alma o no, y en el caso de tenerla no sabemos cómo llega hasta nosotros, ni sabemos qué es de ella al morir nuestro cuerpo. Tenemos muchas creencias sobre estos temas, pero solo son eso, creencias. Nadie ha conseguido dar una respuesta convincente a nivel universal.
Los cristianos creemos tener unas ideas claras sobre estas cuestiones, no porque lo hayamos descubierto nosotros, sino porque Cristo lo ha revelado, y tenemos argumentos sólidos y razonables para creer que Cristo ha demostrado que sabe lo que dice y que no quiere engañarnos. Pero ¿ha demostrado Cristo científicamente Él sabe que esto es como dice Él? No. Sin embargo, nosotros lo creemos porque sabemos que en este mundo hay muchas cosas que son verdad y nadie puede demostrar científicamente que lo son. Suponte que vas tu solo por un camino y de repente te da un mareo y caes al suelo. Te levantas, vas a tu médico y le cuentas lo ocurrido. Él te ausculta y no observa ningún síntoma de mareo, y te pide que le demuestres que es verdad lo que le cuentas. ¿Podrías demostrárselo? No, porque esas pruebas no existen, pero es verdad que te caíste, y nadie te convencerá de lo contrario. Suponte también que junto a tu medico hay otra persona que cree lo que cuentas porque se fía de ti. ¿Cuál de los dos estaría más cerca de la verdad, el que te cree porque se fía de ti o el que no te creer porque no puedes demostrar nada?
Esto es lo que ocurre con los hechos que cuentan los apóstoles respecto a Cristo. Ellos vieron lo que cuentan, quienes los escucharon los creyeron porque percibieron que ellos sabían lo que decían y se fiaron de su palabra. Este es el origen de nuestra fe. No son historias inventadas para vivir de este cuento, pues quienes lo contaron por primera vez no ganaron nada con ello y tuvieron que soportar muchas privaciones, desprecios y sufrimientos, y hasta dieron la vida por asegurar que era verdad lo que contaban.
La primera vía que utilizamos todos los hombres para conseguir conocimientos es la vía de la fe, la de creer lo que nos dicen otros, y los creemos porque nos fiamos de ellos, no porque nos hayan demostrado sus conocimientos por métodos empíricos. Así aprendimos de nuestros padres, de nuestros profesores y de las personas de nuestro entorno. A ninguno le pedimos pruebas científicas que garantizasen la verdad de lo que nos enseñaban.
Hay argumentos lógicos y razonables para defender que existe Dios, que Cristo es el Hijo de Dios y que sus enseñanzas contienen verdades que van más allá de los conocimientos de lo hombres. Nuestra fe no es una creencia infundada, es una fe basada en hechos que han vivido nuestros antepasados, e incluso en hechos que hemos vivido personalmente muchos de nosotros, y que la ciencia no puede decir nada sobre ellos, no porque no sean reales sino por las limitaciones de la inteligencia humana para descubrir todo lo que es real.
Volviendo al tema de este artículo, lo que ahora queremos saber es qué somos en realidad, y si somos solo materia o somos cuerpo y alma. El 10 de febrero de 2013, en el programa de Lágrimas en la Lluvia discutían esta cuestión creyentes y ateos. Entre los creyentes estaba el científico P. Carreiras, Jesuita, y entre los ateos Antonio García-Trevijano, Profesor de Derecho Mercantil en la Universidad de Granada, político y pensador republican,o autor de varias obras en este sentido.
García-Trevijano defendía su ateísmo diciendo que no cree en el creacionismo, (no cree que la creación sea obra de Dios) porque para él todo lo que existe es evolucionismo a partir de la materia. Y terminó diciendo: No creo que exista Dios, ni que exista otra vida después de ésta, y vivo satisfecho sin necesidad de creer esas cosas.
El P. Carreiras le replicó diciendo: Ya que dices que todo es materia explícanos me qué es la materia según tú, a lo que Trevijano contestó: Materia es todo lo que existe, todo lo que vemos, lo que tocamos y lo que podemos observar. El científico le refutó diciendo: No, materia es aquello que está sujeto a la iteración de las cuatro fuerzas de la naturaleza: gravedad, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil, pero hay pruebas de que existe algo que no está sujeto a estas fuerzas, luego eso no es materia. Eso que no está sujeto a la iteración de estas fuerzas, es el espíritu. El espíritu es superior a materia, luego no puede proceder de ella. Si el espíritu no es materia, y no puede proceder de ella es lógico y racional pensar que proceda de algún ser superior a la materia. A ese ser superior es al que llamamos Dios, y por eso yo –seguía diciendo el P. Carreiras- encuentro racional y lógico creer en la trascendencia, porque el espíritu es independiente de la materia, y aunque ésta muera el espíritu puede seguir existiendo. 
Otro argumento usado normalmente en contra del “todo es evolución y solo evolución” es que para que algo pueda evolucionar antes tiene que existir. Si la evolución tiene que empezar en algo que ya existe no es correcto afirmar que todo se produce por la simple evolución. ¿Y cómo explican los ateos la creación de “ese algo” necesario para poder evolucionar? O no lo explican o lo hacen diciendo que todo ha surgido de la nada, cosa sobre la que ningún científico está de acuerdo, aunque Hawking alguna vez recurrió a esta idea para explicar la creación de los universos, y luego tuvo que rectificar, como veremos más adelante en otros capítulos. Hay otros que recurren a la idea de que la materia ha existido siempre, y esa es el origen del evolucionismo. Pero aquí surgen multitud de preguntas que no saben resolver. La materia es inerte, no tiene conciencia de nada. ¿Cómo es que evoluciona siempre en el mismo sentido buscando su perfección para adaptarse al medio en que vive? ¿Quién imprimió ese sentido único al evolucionismo? El azar no puede marcar una dirección determinada ¿Quién lo hace, las leyes de la naturaleza? ¿Y quién ha establecido esas leyes? ¿Se pueden haber establecido solas? Por otra parte, vemos que los hombres tenemos inteligencia, y preguntamos: La materia, ser inerte ¿puede crear algo superior a ella como es la inteligencia? Demasiadas preguntas sin contestar para admitir esta tesis de que la materia es el origen todo.
Caso José Luis
Traigo a colación este hecho porque cuando dicen que sólo somos materia yo me acuerdo de lo que le pasó a José Luis. En unas reuniones de Vida Ascendente que se celebraron en Madrid hace muchos años para animadores de grupo coincidí en un descanso con José Málaga, de la diócesis de Córdoba y José Luis, que ya no recuerdo a qué región pertenecía; creo puede ser Castilla La Mancha, Valencia o Murcia, no lo recuerdo. Lo que recuerdo perfectamente es que era Intendente Mercantil, como yo. Nos contaba a Málaga y a mí que siendo dirigente en una empresa internacional, y dedicado en exclusiva a su trabajo profesional, le sobrevino un fuerte infarto del corazón. Lo llevaron al hospital y tuvieron que operarlo de urgencia a vida o muerte. En la operación le sobrevino una larga parada cardiaca y el equipo que lo estaba operando lo dio por muerto. Finalmente consiguieron reanimarlo y la operación terminó con éxito. Lo sorprendente es que una vez pasada la anestesia contó al equipo que lo había operado todo lo que habían dicho y hecho lo daban por muerto. ¿Cómo puede ser, le pregunté yo, que estando anestesiado y sin poder mover tu cuerpo pudieras ver y oír lo que hablaban y lo que hacían los médicos y las enfermeras? Yo no estaba en mi cuerpo, me contestó él. Estaba como revoloteando cerca del techo, y desde allí veía lo que hacían y oía lo que decían. Los médicos y las enfermeras quedaron atónitos al escuchar su relato. Respecto a José Luis, este hecho provocó en él un cambio profundo en su vida. Desde entonces decía que solo quería trabajar para Dios. Y ahora yo pregunto ¿Qué opináis vosotros de esto? ¿Creéis que somos solo un compuesto de reacciones químicas? Yo creo que hay en nosotros algo más que química, que también hay espíritu. Utilizo aquí la palabra espíritu como sinónimo de alma, aunque sé que hay algunos (los "tricotomitas") que dicen que estamos compuestos de espíritu, alma y cuerpo, en contraposición a los “dicotomitas” que dicen que el ser humano está compuesto por alma y cuerpo, usando indistintamente alma y espíritu para referirse al alma.
Breve referencia a un artículo publicado recientemente en los medios de comunicación
Termino esta parte haciendo referencia a un artículo publicado recientemente en varios medios de comunicación, entre otros en el periódico Daily Mai, del Reino Unido, y en El Mundo, periódico de nuestro país. Según estos medios, Stuart Hameroff, anestesista y profesor de la Universidad de Arizona, conocido por promover el estudio científico de la conciencia, junto con el Profesor de Matemáticas Sir Roger Penrose (ateo confeso) dicen haber desarrollado una teoría cuántica de la conciencia, según la cual hay información que permanece dentro de unas estructuras llamadas microtúbulos que viven dentro de nuestras células cerebrales, y esta información, según ellos, no muere con nuestro cuerpo. En una experiencia cercana a la muerte, según ellos, los microtúbulos pierden su estado cuántico, pero la información dentro de ellos no muere ni se destruye, sino que vuelve al universo. ¿Será verdad que la ciencia podrá demostrar que hay algo en nosotros que no muere cuando se destruye el cuerpo?
Por otra parte, el científico ruso Konstantin Korotkov presenta una fotografía bioelectográfica que según él ha sido tomada en el momento en que el alma deja al cuerpo al morir, y donde se aprecia el momento en que alma sale del cuerpo. La imagen ha causado polémica y revuelo en el medio científico e incluso entre los escépticos de lo paranormal. La fotografía fue tomada usando un método de visualización de descarga de gas, una técnica avanzada de fotografía Kirilian que muestra la energía vital de la persona dejando su cuerpo gradualmente. De acuerdo con Korotkov, el ombligo y la cabeza son las partes que primero pierden su energía vital, y el sexo y el corazón son las últimas áreas en desprenderse antes de salir al infinito.
Nota: Nosotros desconocemos la fiabilidad de los estudios de estos científicos, pero ahí está la información en los medios científicos.

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