CONOCE LAS RAZONES DE TU FE Y DALAS A CONOCER 

REVELACIÓN Y FE (Capítulo 2)
                   
LA REVELACIÓN


Para los cristianos católicos la revelación es un acto voluntario de Dios por el cual se revela a los hombres, ya sea de manera natural o sobrenatural. De acuerdo con la doctrina católica, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras haciendo uso de la razón natural (Revelación natural). Pero existe otro orden de conocimientos relacionados con la existencia de Dios que el hombre no puede alcanzar por la limitación de su inteligencia, y Dios, libremente, se descubre (se manifiesta) a los hombres para que le conozcamos mejor y podamos relacionarnos mejor con Él. Esta es la revelación sobrenatural. Esta revelación se realiza mediante acciones y palabras íntimamente ligadas entre sí, y que se esclarecen mutuamente. Dios se ha revelado a muchos hombres con palabras y con hechos, haciendo siempre lo que dice. Por esto los hombres han creído en este Dios, y quienes han sido testigos de esto nos han dejado su testimonio para que nosotros también creamos y santifiquemos su nombre.
La creencia en el Dios de Abraham nació cuando Dios se le manifestó, primero a él y luego a su descendencia. Cuando los hombres vieron que este Dios hacía lo que decía es cuando lo tomaron como verdadero y único Dios.
Algo parecido ocurrió con la creencia en Jesucristo (la fe de los cristianos). Esta,  nació cuando Cristo empezó a predicar y nos reveló con su palabra y sus hechos que Él era el Hijo del Dios de Abraham.  La Palabra y los hechos han ido siempre juntos en nuestra fe, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento.  Es así como el origen de nuestras creencias no son producto de la imaginación de los hombres, ni invención por parte de nadie, sino el producto de lo que los hombres han oído y visto.  
En Hebreos, 1,1 leemos: “Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo”. Estos modos y maneras en que Dios ha hablado a los hombres es el fundamento de nuestra religión. ¿Y dónde consta lo que Dios ha revelado por medio de los Profetas y de su Hijo Jesucristo? Consta en la Tradición y en las Escrituras. Las dos, no una sola, son las fuentes de nuestras creencias. Como sabemos las Escrituras están recogidas en dos partes.  En el Antiguo Testamento tenemos la historia de los hechos sucedidos antes Cristo, y en el Nuevo están, principalmente, los hechos relacionados con la vida de Cristo y los apóstoles.


Trasmisión de la revelación
La revelación ha llegado hasta nosotros por medio de la transmisión oral y escrita. El primer medio de transmisión de la fe fue la Palabra. Durante siglos este fue el único medio de transmisión del conocimiento, porque no se usaba la escritura. El Pueblo judío, el elegido por Dios para revelarse a los hombres, fue muy celoso en la transmisión de lo revelado por Dios. Antes de autorizar a alguien a transmitir la Palabra tenía que demostrar que conocía bien el tema, y luego se le exigían ser fiel a lo recibido. Mas tarde empezó a recopilarse en escritos lo que se decía por medio de la palabra, y así nacieron las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento. La Escrituras se redactaron en diferentes estilos literarios, según los autores y según las épocas en que escribieron, y esto dificulta un poco su interpretación porque requiere conocer el estilo en que están redactadas para comprender el mensaje que querían transmitir sus autores.
Igualmente, cuando se empezó a anunciar el Evangelio, la escritura era todavía poco usada y se anunciaba solo con la palabra. Los apóstoles contaban a las gentes lo que ellos habían visto y habían oído decir a Cristo, Al poco de empezar esta predicación algunos Apóstoles y de sus discípulos empezaron a recoger por escrito lo que se venía anunciando con la Palabra, y así es como la Palabra y las Escrituras se convirtieron en las principales fuentes de nuestras creencias. La tradición no sólo comprende la Palabra, se incluye también en esto la vida de los primeros cristianos: su doctrina, su organización, su liturgia, sus Sacramentos y todo esto sirve de orientación para la interpretación de las Escrituras.

Interpretación de la Revelación.    
La interpretación de la Revelación (Palabra y Escrituras) corresponde al conjunto de la Iglesia, entendiendo como conjunto de la Iglesia al Papa, a los obispos y a los laicos, todos juntos, porque juntos formamos la Iglesia, separados no. Decimos que la interpretación de la revelación y de las Escrituras corresponde a la Iglesia, porque a ésta fue a la que encargó enseñar lo que Él había enseñado, y a ésta, y no a nadie en particular, prometió su asistencia.   “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:19) se interpreta que Cristo está siempre con la Iglesia para que “las puertas del Hades no prevalezcan contra ella." (Mateo 16:13-18”).
Cuando la Iglesia define un dogma no está proponiendo a los fieles que crean algo inventado por ella, le está proponiendo que crean eso porque a su entender eso es lo que se deduce de las Escrituras o de la Tradición. 

LA FE


Muchos definen la fe como la adhesión personal y libre a los dogmas de las diversas religiones, los cuales (dicen ellos) no gozan de evidencia ni de demostración científica. Algo así viene a decir nuestro diccionario de la Lengua. Si los dogmas no gozan de evidencia ni de demostración científica ¿cómo podemos creer en ellos? Ante este concepto de la fe cabe preguntarse ¿No será un acto irracional creer en algo que ni es evidente ni puede demostrarse científicamente que es verdad?
Algo así deben pensar algunos que se dedican a criticar nuestras creencias religiosas, como  R. Dawkins y Bertrand Russell. El primero describe la fe como “una creencia sin evidencia; un proceso activo de no pensar, algo que degrada nuestro entendimiento del mundo natural al permitirle a cualquiera realizar una declaración sobre la naturaleza que está basada únicamente en sus pensamientos personales y sus percepciones posiblemente distorsionadas”. Bertrand Russel va también por este camino cuando dice que hablamos de la fe cuando sustituimos la evidencia por la emoción, y declara que toda fe es dañina porque ninguna puede defenderse racionalmente.
Nosotros creemos que quienes piensan que la fe que profesamos los cristianos no puede defenderse racionalmente es porque no conocen su verdadera historia o porque quieren ir contra ella por el motivo que sea. Ya San Pedro decía a sus fieles: “Dad razones de vuestra esperanza, (de vuestra fe). El fundamento de nuestra fe está en hechos reales que nuestros antepasados han vivido y nos han dado a conocer a través de la palabra y de las Escrituras. No son creencias sin evidencias, como dicen éstos y otros autores, son hechos reales los que han dado lugar a que creamos lo que creemos. Son  los hechos vividos por muchos hombres,  en muchos lugares y en épocas muy diferentes.
Muchos conocimientos que tienen su fundamento en la experiencia y que nos son transmitidos por la palabra o la escritura, nos da tantas garantías de ser ciertos como los trasmitidos por métodos empíricos. 
Los hechos más significativos de nuestras creencias cristianas están recogidos en el Nuevo Testamento. Los apóstoles no inventaron estos hechos, y murieron en el martirio por defender que eran ciertos porque ellos los habían vivido. ¿Por qué dieron su vida por dar testimonio de estos hechos? ¿Por ganarse la vida? ¿Por ganar prestigio o dinero? ¿Por qué estaban todos locos?  Nadie ha podido aportar ningún argumento medianamente creíble que
fuera por alguna de estas cosas. ¿Entonces, qué les impulso a hacer esto?: El anuncio de la verdad.


Importancia de dar hoy razones creíbles de nuestra fe
En un comentario hecho por José Manuel Vidal sobre el éxito de Kiko Argüello en el Camino Neocatecumenal decía que uno de sus aciertos estaba en haber creado un catecumenado para que la gente pudiera pasar de la fe del carbonero a una fe ilustrada, convencida, y convincente. Es decir, su innegable éxito parece estar fundamentado en algo tan de sentido común como explicar a su gente las razones de su fe. Yo no soy experto en estas cuestiones, pero a mi edad provecta tengo la impresión de que llevamos demasiado tiempo poniendo el carro delante de los caballos, y el carro se atasca. Enseñamos qué dijo Cristo, y qué es lo que dice la Iglesia, pero se nos ha olvidado decirle   por qué es creíble lo que dice la Iglesia y lo que dicen los Evangelios. Hoy abundan políticos y cientificistas, y también algunos científicos que nos ofrecen en los medios de comunicación abundantes argumentos para no creer, y si carecemos de argumentos lógicos para rebatir estos argumentos, es lógico y normal que nuestra fe se debilite y muera.  Yo veo me he encontrado con muchos que practican nuestra religión “por si acaso”, o “porque no digan” (la familia o la gente de su entorno), pero no practican por convicción. Estos son claros candidatos a dejar de ir a la Iglesia y pasar engrosar la abundante masa de los que viven como si Dios no existiera.

La fe como respuesta a la revelación de Dios.
Los teólogos definen también la fe como respuesta del hombre a la revelación divina. Dios se manifestó a los profetas y a los patriarcas en el Antiguo Testamento, y más tarde se reveló a los hombres por medio de su Hijo Jesucristo.  La respuesta a estas revelaciones por parte del hombre es la de creer a Dios y la de creer en Dios. ( "credere Deum, credere Deo, credere in Deum que dice San Agustin)
Dios se reveló en un principio como un Dios que avisa y castiga a los que hacen mal y a los que le desobedecen. Dijo a los del Paraíso que morirían si comían el fruto del árbol prohibido, éstos lo desobedecieron y Dios los castigó con la muerte. En la marcha por el desierto dijo al pueblo de Israel que castigaría a los que adorasen otros dioses y lo hizo. Y así en un sinfín de ocasiones.  Estos hechos narrados en el Antiguo Testamento y en el Nuevo son los que han ido generando y guiando nuestra fe desde el Patriarca Abraham hasta nuestros días. En los capítulos siguientes intentaremos dar las razones de por qué creemos que estos textos merecen toda nuestra credibilidad.  

La oración y la fe. La oración ha sido la piedra de toque que ha llevado a muchos a creer en Dios, y a no pocos a dejar de creer en Él al verse decepcionados por no conseguir lo que pedían. Leía hace poco en una revista que un hombre defendía ante un sacerdote que eso de que Dios nos concederá todo lo que le pidamos en nombre de Cristo es una solemne mentira. En el proceso de su divorcio había pedido a Dios con todas sus fuerzas que su mujer no se marchase del hogar familiar, y esta lo abandonó a él y a su familia y se fue con otro. El sacerdote le respondió diciendo: Cristo no ha dicho que  Dios sea un criado nuestro dispuesto a hacer siempre lo que le pidamos. Si así fuera Dios se convertiría en un geniecillo a nuestras órdenes. Tú estás rezando mal, porque estás pidiendo a Dios que haga lo que quieres tú, no lo que sea mejor para ti. Nosotros podemos pedir lo que creemos que es mejor para nosotros, pero eso que pedimos puede ser malo para nuestra salvación, y si Dios nos concediera algo sabiendo que es malo para nosotros, sería un Dios perverso. Ningún padre da a su hijo pequeño un frasco de veneno para satisfacer su petición, por mucho que éste llore para que lo den. Cristo cuando enseñaba a rezar a los apóstoles les dijo: Así habéis de orar: Padre nuestro… hágase tu voluntad …. Eso es lo que tenemos que pedir en la oración, que se haga su voluntad, porque la voluntad de Dios es que todos nos salvemos, y eso es lo que más puede importarnos porque eso es lo que más felicidad nos va a proporcionar en toda nuestra existencia.


¿Es necesaria la fe para salvarnos?  SI. No lo digo yo, ni lo han inventado los curas, esto lo dicen los evangelistas porque eso es lo que afirmó Cristo:
El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea se condenará, (Mc 16,16).
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanecerá sobre él. (Jn 3,36)
El que no cree, ya está juzgado (Jn 3,18)

Citas de este tipo podemos encontrarlas abundantemente en los evangelios, pero conviene aclarar aquí que estas citas van dirigidas a aquellos que consciente y libremente lo rechazan, no a quienes han tenido impedimento insalvable para conocerlo.
La fe es necesaria para salvarse, pero no es suficiente.  También dijo Cristo: “No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre” (Mateo 7:21-23). La fe acompañada de las buenas obras es lo que salva
¿Tan grave es el pecado de no creer en Jesucristo como para merecer la condenación eterna? Si lo piensas bien a lo mejor llegas a esa conclusión. Cristo vino a la tierra para pagar por nuestros pecados y enseñarnos el camino dela salvación. Dedicó tres años de su vida a enseñar a sus discípulos y a la gente qué tenemos que hacer para salvarnos. y dijo a sus discípulos que nos transmitieran estas enseñanzas a nosotros. Cristo, y mucha gente incluidos sus discípulos, han muerto por transmitirnos estas enseñanzas a nosotros para que  podamos disfrutar de una vida eterna feliz, y ahora nosotros le decimos que no nos importan sus sufrimientos, que nosotros no le los hemos pedido nada, y que nada queremos saber de ellos. Tiene que doler mucho sufrir hasta la muerte en cruz por hacerle un favor a alguien y ver que este te desprecia y no quiere aprovecharse de lo que con tanto dolor tu has conseguido para su bien. Supongo que Cristo al ver el desprecio de los que ahora no quieren saber nada de él  se preguntará con rabia y dolor ¿Y para esto he muerto yo en la Cruz?   ¿Qué podemos contestarle cuando al morir nos encontremos con él y nos pregunte que qué hemos hecho con sus enseñanzas? ¿Le diremos que nosotros creíamos que eso era cosa de los curas? ¿Acaso teníamos algún fundamento razonable para creer que la salvación era solo cosa de los curas?  Cristo nos dirá con razón: Si tú no has hecho nada  por buscar la verdad ¿de qué te quejas ahora por haber vivido en el error?

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