TEMA 7: LA VIDA PÚBLICA DE JESÚS

7.1  El bautismo de Jesús
Los tres Sinópticos (Mc 1, 11; Mt 3, 13-17 Y Lc 3, 21-22) coinciden, a pesar de sus variantes, en afirmar que el comienzo de la vida pública de Jesús tiene lugar en el Jordán cuando pide a Juan Bautista ser bautizado por él. Hay motivos más que suficientes para considerar que este episodio del bautismo es un hecho histórico.

Los evangelistas describen así el bautismo de Jesús:

En Mateo dice: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco". Marcos dice : "Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco" y Lucas: "Tú eres mi Hijo amado, yo
te he engendrado hoy".

El Evangelio de san Mateo, en el capítulo 3, versículos 13 a 17, nos narra el episodio del Bautismo de Jesús de la siguiente forma:
 “Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, a Juan, para ser bautizado por él.  Pero Juan se lo impedía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?  Pero respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces se lo permitió.  Y Jesús, después que fue bautizado, subió inmediatamente del agua; y he aquí, los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y se posaba sobre él.  Y he aquí, una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”
El agua simboliza la limpieza del alma. El Bautismo nos limpia el alma del pecado original y de cualquier otro que pudiéramos tener. No es el agua la que lava nuestros pecados, es la gracia de Dios que nos viene a través de este sacramento. Cuando Cristo vino al mundo, quiso dejarnos algunos medios o signos  para que nos fuera más fácil acercarnos a Dios y santificarnos. Estos medios que Cristo nos dejó son los Sacramentos, y el bautismo es el primero que tenemos que recibir para entrar a formar parte de su Iglesia.  ¿Por qué es el primero? Porque es la puerta que Cristo quiso dejarnos para entrar en su Iglesia. Cristo quiso que empezásemos a formar parte de su Iglesia recibiendo la gracia de Dios, porque esta es la que nos da la naturaleza de hijos de Dios. La paloma simboliza el Espíritu Santo que unge a Cristo como el enviado de Dios.

7.2  Enseñanzas de Jesús.                                            
Cristo se presenta como el misionero del Reino de Dios. Viene a anunciar el Reino de Dios. Muchos piensan que este Reino está en el cielo, cuando en realidad empieza en la tierra.  Cristo es Rey de cielos y Tierra, y reina también en este valle de lágrimas y de alegrías, que afortunadamente para nosotros no sólo penas hay en este mundo.
Cristo, los apóstoles, y la Iglesia anuncian el Reino de Dios, pero lo anuncia bajo matices diferentes. Cristo anuncia que Él es el Hijo de Dios, el que viene a salvarnos y a enseñarnos el camino de la salvación. Los apóstoles anuncian que Cristo es nuestro salvador, que murió y resucitó, y que les envió el Espíritu Santo para que ellos anunciaran lo que habían visto y oído en su convivir diario con Él. Y la Iglesia anuncia hoy lo que enseñaron los apóstoles porque creemos que éstos decían verdad cuando hablaban de Cristo. Así se va trasmitiendo la fe en Cristo Jesús de unas generaciones a otra.

7.3  Contenido de las enseñanzas de Cristo
Jesús habló de muchos temas y es muy difícil hacer un resumen corto de todas sus enseñanzas, pero en general podemos decir que éstas se centran en revelarnos cosas sobre Dios, y en enseñarnos como debemos comportarnos con Dios y con los hombres.
Cristo acomodaba sus formas de enseñar al público al que se dirigía. Por algo lo tenían todos por un sabio y por un Maestro. La iglesia sigue manteniendo la transmisión de la fe siguiendo las formas que usaron los primeros cristianos. Cristo hablaba y enseñaba a la gente y a sus discípulos utilizando recursos que facilitaban la memorización de sus enseñanzas. Unas veces utilizaba dichos rítmicos (dad y se os dará), otras veces repetía el mismo esquema (bienaventurados los... porque...), y con mucha frecuencia recurría a pequeños relatos tomados de la vida cotidiana que aún hoy nos resultan muy fáciles de recordar (estos relatos son las parábolas).
Son muchísimos los dichos y las frases célebres de Cristo ¿Quién no conoce frases de este tenor?:
Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente.
Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan para ser hijos del Padre Celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos y pecadores
Amaos los unos a los otros. En esto conocerán que sois mis discípulos.
Aquél que esté libre de pecado que arroje la primera piedra.
No juzguéis y no seréis juzgados,  porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros.
Yo soy el camino, la verdad y la vida.
Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios

7.4 Las Parábolas
Las parábolas son breves narraciones dichas por Jesús de Nazaret que encierran una educación moral y religiosa, revelando una verdad espiritual de forma comparativa. No son fábulas, pues no intervienen animales con características humanas, ni alegorías, pues se basan en hechos u observaciones tomados de la vida diaria. Jesús no contaba parábolas para entretener a la gente. Lo hacía para exponer su mensaje y hacerlo más comprensible a sus oyentes. Uno de los propósitos fundamentales de las parábolas de Jesús es enseñar cómo debe actuar una persona para entrar al Reino de los Cielos y, en su mayoría, revelan también misterios sobre Dios.
Son más de 20 las parábolas que se cuentan de Jesus. ¿Quién no ha oído hablar de alguna de éstas:
La del tesoro escondido, La oveja perdida, El hijo pródigo, El rico Epulón y el pobre Lázaro, El buen samaritano, Los talentos, El juicio final…
A Cristo le hacían muchas preguntas, y Él siempre las respondía sorprendiendo con su sabiduría.
A mí me llama la atención una pregunta que le hicieron en dos ocasiones distintas un rico y un Maestro de la Ley. Los dos le hicieron la pregunta más importante para todo hombre ¿Qué tenemos que hacer para salvarnos?, y a los dos le dijo lo mismo, pero con palabras diferentes. Los Evangelistas nos lo cuentan así:

Marcos dice: “Cuando Jesús estaba ya para irse, un hombre llegó corriendo y se postró delante de él. Maestro bueno —le preguntó—, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? ¿Por qué me llamas bueno? —respondió Jesús—. Nadie es bueno sino sólo Dios.  Ya sabes los mandamientos: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no presentes falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre.” Maestro —dijo el hombre—, todo eso lo he cumplido desde que era joven. Jesús lo miró con amor y añadió: Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme”
(Mc  10:17-31) 
En Lucas tenemos lo siguiente: “Un maestro de la ley preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?» Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo». Y Jesús le dijo: «Has respondido exactamente; obra así y alcanzarás la vida». Lc. (10,25-28)

Parece que los dos hacen la misma pregunta y que Cristo da a cada uno una respuesta diferente, pero no es así. Cuando el rico pregunta qué tiene que hacer para salvarse Cristo le dice que no haga mal a nadie: no robes, no mates, no cometas adulterio, etc., y cuando el joven le  dice que todo eso ya lo hace Cristo le responde   que si quiere ser perfecto haga el bien: Vende lo que tienes y dáselo a los pobres y sígueme. Y eso mismo es lo que le dice al Maestro de la Ley: Ama al señor tu Dios con todo tu corazón y al prójimo. El que ama no se limita a no hacer mal a los que quiere bien, se esfuerza por hacerle el bien.
Parece que en esto se resumen lo fundamental de la vida del que quiere salvar su alma: Amar a Dios y al prójimo, o lo que es lo mismo, haz el bien todos (incluido Dios) y no hagas mal a nadie (incluido Dios).  Sabemos lo que es hacer el bien o el mal al prójimo, pero ¿cómo podemos hacer bien o el mal a Dios? Hacemos  bien a Dios cuando vivimos cumpliendo sus preceptos, (Dios se alegra de esto) y hacemos el mal cuando nos olvidamos de Él y vivimos como si no existiera (esto es un gran desprecio que hacemos a Dios).

 

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